9 de septiembre de 2009

Alimañas y derechos.


"...alimañas que quiebran la pirámide del orden convivencial..."
Así es y así lo estamos viendo y viviendo en nuestra proximidad más inmediata. No hay provincia, ciudad, pueblo, ni rincón que se libre del enmierde, con perdón, del robo, la violencia, el bandidaje, la estafa, el atropello, esto “en orden menor”; y, del crimen, el asesinato y todas las actuaciones imaginables de amedrantamiento hacia las personas y sus propiedades con el tono más salvaje e irracional jamás visto y vivido. Puede hablarse pues, no siendo en ningún modo perdonable ni permisible ni aceptable, del amigo de lo ajeno, por un lado, y del más despreciable sinvergüenza, por otro. Dicho de otro modo, los delincuentes, en gran número, han pasado de ser despiadados sinvergüenzas, a ser enajenados reptiles de la delincuencia en todos sus grados, estratos y ordenes.
El amigo de lo ajeno de otro tiempo, el chorizo común, hoy es un pobre desgraciado quedado en las primeras matas casi “adoptado” por rellanos y escalinatas de edificios, instituciones, entidades bancarias, iglesias y otros; pudiérase decirse, se trata de “especie en extinción”.
La sociedad española, está invadida de un gran número de personas desalmadas y otras especies duchas en el pillaje, la extorsión, el vandalismo, el antirespeto salvaje y por ende adiestradas en las artes y oficios de alterar la vida del orden, la convivencia en el respeto, el entendimiento racional, y en consecuencia, hacen de la barbarie, el odio, el crimen, el miedo, hacen reitero de todo ello el inhibidor número uno del bienestar de la gente de orden. Son, alimañas que quiebran la pirámide del orden convivencial entre personas y en consecuencia en la sociedad. Es así como hoy, lo que impera es el gran delincuente, el que ha impuesto; porque desgraciadamente se “sabe” en cierto modo “invulnerable”; la ley del atropello a lo bestia, a lo irracional, el depredador del orden de la estructura social haciendo al pelo y la lana; pues de no conseguir lo que quiere, no duda en pinchar o en disparar o violar o incendiar, le da igual y le da lo mismo, su objetivo es convertirse en el más “fino” y en el ladino más desalmado, cuando no criminal. En cierto modo hasta algo de razón puede haber en aquello de: “tiene más derechos el sinvergüenza que el ciudadano honrado”. Hasta pudiera no ser, tampoco, ni una frase fácil ni una exageración lo de: “el delincuente una vez cogido, entra por una puerta y sale al rato por otra”.
¿Por qué han aumentado con desmesura tan alarmante los niveles de peligrosa delincuencia?, ¿por qué tienen que guardarse las personas de bien, en vez de las “alimañas”?, ¿por qué se han agravado los aditamentos de los delitos?, ¿por qué tiene que parecer que es más invulnerable el delincuente que el ciudadano honrado?, ¿qué falla en los sistemas de derecho?
Alguien tiene que ponerle el cascabel a este gato. Lo inconsentible, inaceptable e impermisible, es que el honrado haya de guardarse de la indeseable casta de la delincuencia, y andar al acecho para no ver cercenada su libertad ni ser amedrentado por las alimañas de la delincuencia. (Nitomarco)