Mil cuatrocientos céntimos cada veinticuatro horas, ración de mantenimiento para el desempleado en dique seco, una complicada distribución de activo que tendrá, el subsidiado, que hacer al arroz, rey; a los macarrones, alfiles; al pan, reina; a la leche, caballo; al aceite torre; y para las avanzadillas y engañar tripa, de peones sal, azúcar, agua y un gran ejercicio de imaginación para no incurrir en pecado capital.
Gran esfuerzo de política social, delicada manera de insinuar al parado y su familia, que la gula no es buena y la abstinencia conduce a avispar el ingenio para mentalizarse que la caza de un puesto de trabajo es tarea de magos y avezados ilusionistas, exquisita forma de entretener la mente de los habitantes engañados. Esto se puede llamar sabia argucia para enseñar manejos de intendencia con la pedagogía de la escasez, y con el lema: -“todos tenemos que hacer un pequeño esfuerzo”; -es lo suyo en momentos de dificultad; -bien lo “sabéis” obreros; -”yo”, ya lo hice, evitándoos un “prematuro” sufrimiento...
Todo planteado así, el plan es perfecto; el parado, “aliviado de equipaje” atisba que entrará en período de hibernación obligada, las perspectivas de trabajo oscuras, las posibilidades de hacer vida social, por prohibitivas, desaparecidas, el horizonte de estabilidad laboral, es obvio, negro, las mentiras programáticas, eso, ahora, a buenas horas, las ve con nitidez perfecta; pero, claro, ahora, un poco tarde quizás, o ¿demasiado, tal vez?
“La mayor protección social de la historia”, ¡nada más y nada menos!, ondea en los “ecos” de alardes socialistas por desdibujar su imprevisión y su improvisación; de catón el elenco de adjetivos para maquillar el “sustantivo común” negado; como si del anuncio del mayor espectáculo del mundo se tratara, ¡nada más y nada menos!, que la mayor protección social de la historia con certificado de garantía y certificación de calidad al uso, ¿hay quien de más?
Pues, con protección o sin ella, con garantía o sin ella, con “puño” o sin él, acuñar protecciones con garantía de “puño” es nada más y nada menos, que la ocurrencia más increíble de la historia. (Nitomarco)








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