20 de octubre de 2009

Anochecer de los gobiernos.


A Zapatero le salen “amigos” de debajo de las piedras, ¿por qué será...?; lleva mucho tiempo con el norte perdido, si es que, norte, ha tenido, desde que gobierna, alguna vez, digo yo. Parece ser que él, Zapatero, y su gobierno, están en el tramo límite de la caducidad... Algunas voces se dejan oír, así, el ex-presidente, madrileño, Joaquín Leguina, ya "leía la paulina"; y, ahora, en igual forma, lo hace el que fuera ministro de economía y hacienda, Carlos Solchaga. Todos, políticos experimentados, de izquierda; pero experimentados, como experimentados políticos, son los que desde la derecha, en igual forma que sus correligionarios, le están advirtiendo de que las cosas no se hacen como él las hace para enderezar económica, social y sociolaboralmente un país tocado peligrosamente de crisis y de pérdida de valores. Todos, empero, políticos sobradamente experimentados y reiteradamente desoídos por los “nuevos progresistas”, y porque, quizás su sabia sombra les molesta, les rompe los esquemas, trastoca sus insostenibles estructuras populistas, de propaganda, de marketing, que evidencian coqueteos “presidencialistas”, amagos de endiosamiento, devaneos con el narcisismo de la fama y un cúmulo de desaciertos, para nada compatibles con el hacer de gobierno que España necesita a día de hoy.
Visto está que, hasta de dentro de la filosofía política del partido que gobierna, suenan trompetas, avisando de los lodos, que cada vez más espesos, ponen nombre propio a la desastrosa gestión del gobierno Zapatero.
No hay norte, porque quizás tampoco lo había en 2004 y en consecuencia, tampoco en 2008, consecuencia de lo cual, el “barco” vaga a la deriva y su casco no soporta ya ni un envite más en manos de una tripulación tan pusilánime que persistiendo en su imperio de la imagen, continua a la deriva, remando contracorriente de espaldas a la realidad social. No es extraño, pues, que se hable de "presidencialismo", de populismo y, al paso que se va, hasta de “totalitarismo”... Y es que cuando en una sociedad, la “propaganda” invade la política y el partidismo ciega las mentes, no puede sino hablarse del anochecer de los gobiernos. (NItomarco)