"...el guirigay crece entre arcas vacías..."
...Y es que para formar orquesta y que suene , ha de afinarse con exquisito temple la instrumentación, elegir adecuadamente la pieza, acomodar a cada instrumento el tono, embelesar con mimo al músico y conseguir la armonización de todos los componentes, cosa que sólo se consigue con un buen director al frente. De no ser así, ocurre lo que ocurre, por ejemplo, en el “conjunto filarmónico” del gobierno Zapatero, la tuba de Blanco exhala sordos acordes de fingido lastimeo en un intento de embaucar la credibilidad de los votantes del patio de butacas y así con trinos lastimeros ofrece con victimismo la inmolación de sus filas. Pajín, con aire de saxofonista consagrado, lanza contra Rajoy las miserias de sus propias filas y por ende “cercanas” en desorden, haciéndolo con su habitual discurso altanero y vacío de contenido. Alonso, que por lo aparatoso del atril procura moverse poco, arranca acordes con desatino trovando pecados mortales del PP para así tapar la imprevisión de defensa allende los mares y la improvisación permanente de su jefe y “colegas”. De la Vega, dando tono con su flauta, viste y desviste la partitura, en denodado intento de, volcando sobre el PP las culpas de sus compañeros de orquesta, al menos eludir tanto desconcierto en el concierto. En fin, así, por tanto, mientras la orquesta de Zapatero no coge tono y desafina, arrecia el declive y la hecatombe de su política de gobierno en medio de un guirigay que a toda costa intenta acallar con orden a sus filas para que replieguen todos los esfuerzos en aras de ensombrecer al PP, cosa que no ha dejado de hacer desde que se instaló en la mentira fabricada con nombre de crisis, ahora turbia recesión, y que descubierta por la ciudadanía, puso a director y músicos en pie de guerra, iniciando la misión, imposible, de aparentar aunada y disciplinada orquesta, resultando; además de no ser creído por los ciudadanos; no ser ni aunada, ni disciplinada. Así, pues, el guirigay crece entre arcas vacías, planes inefectivos, paro desorbitado y en alza, no teniendo ya otra, el director, que “llorar” los presupuestos en el "hombro de Méndez". (Nitomarco)
...Y es que para formar orquesta y que suene , ha de afinarse con exquisito temple la instrumentación, elegir adecuadamente la pieza, acomodar a cada instrumento el tono, embelesar con mimo al músico y conseguir la armonización de todos los componentes, cosa que sólo se consigue con un buen director al frente. De no ser así, ocurre lo que ocurre, por ejemplo, en el “conjunto filarmónico” del gobierno Zapatero, la tuba de Blanco exhala sordos acordes de fingido lastimeo en un intento de embaucar la credibilidad de los votantes del patio de butacas y así con trinos lastimeros ofrece con victimismo la inmolación de sus filas. Pajín, con aire de saxofonista consagrado, lanza contra Rajoy las miserias de sus propias filas y por ende “cercanas” en desorden, haciéndolo con su habitual discurso altanero y vacío de contenido. Alonso, que por lo aparatoso del atril procura moverse poco, arranca acordes con desatino trovando pecados mortales del PP para así tapar la imprevisión de defensa allende los mares y la improvisación permanente de su jefe y “colegas”. De la Vega, dando tono con su flauta, viste y desviste la partitura, en denodado intento de, volcando sobre el PP las culpas de sus compañeros de orquesta, al menos eludir tanto desconcierto en el concierto. En fin, así, por tanto, mientras la orquesta de Zapatero no coge tono y desafina, arrecia el declive y la hecatombe de su política de gobierno en medio de un guirigay que a toda costa intenta acallar con orden a sus filas para que replieguen todos los esfuerzos en aras de ensombrecer al PP, cosa que no ha dejado de hacer desde que se instaló en la mentira fabricada con nombre de crisis, ahora turbia recesión, y que descubierta por la ciudadanía, puso a director y músicos en pie de guerra, iniciando la misión, imposible, de aparentar aunada y disciplinada orquesta, resultando; además de no ser creído por los ciudadanos; no ser ni aunada, ni disciplinada. Así, pues, el guirigay crece entre arcas vacías, planes inefectivos, paro desorbitado y en alza, no teniendo ya otra, el director, que “llorar” los presupuestos en el "hombro de Méndez". (Nitomarco)








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