11/12/11

De la mano de la vida.

Esa que se llama parte de todo el mundo, en su repartir beneficios a borbotones, se precia, al tiempo, de rondar en la incertidumbre de la existencia; o, cuando menos, de la continuidad de su hacer con sus rápidos y remansos, a cual más vertiginoso.
A corazón abierto, a pleno pulmón, abierta de par en par la ventana de la utopía, se desangra la vanidad y se rompe en mil pedazos la superficial esencia de la enajenación para representar, abierto el telón, los retales escénicos de la pantomima más fácil de cuajar en argumento tragi-cómico, la esencia de la vida.
Pegada a nuestra sombra, al paso de las risas y los llantos; jugando; si hay partida, a la mayor, para achicarse en pares y envidar al juego; su baza más importante. Juegos de magia con trucos sin telón de fondo, flores de una llama, conejo de un periódico hecho pedazos, paloma de un pañuelo repretado con el dedo pulgar sobre el hueco del puño de la mano contraria, sables que se hunden en el doble fondo de una caja repleta de promesas, triunfos y fracasos, alegrías y tristezas, luces y oscuridades, utiliza indistintamente adrenalina y congelación del movimiento; ilusionismo al descubierto; ilusionismo, puro y duro.
Ella, alardea de soberanía, de independencia, de poder, de dominio. Controla todo sin ser controlada, se cobija con gracia y suficiencia en las creencias humanas, sarcástica y cáustica, de vez en cuando -salvaguardando disimulo- complaciente, no más allá de la displicencia que se permite para dorar la píldora en momentos de desgracia irremediable; pero que le permite no perder su supremacía en el uso de su poder de seducción y de irreverencia convincente. Un mimetismo perfecto, un uso del estado camaleónico más sutil que asimilado; pero con la gracia de convencer sin esfuerzo hasta a su propia sombra, a su espectro.

10/12/11

Pasos de ida y vuelta en la jungla social.

Los conceptos, las costumbres, las personas, el escenario cosmopolita de la vida, sin lugar a dudas marca el compás y acordes, indeleblemente, en el ritmo de la actividad cotidiana, en sus fases o tramos, de física, convivencial, cultural, intelectual, cognitiva, social... y, por decantación natural, como que va dejándose ser uno de los revulsivos que provoca en doble vertiente de incertidumbre, la corriente hacia la dicotomía entre replegarse sobre sí y milimetrar con más cálculo las relaciones sociales, o abrir la mano en la claridad meridiana de que el pastel de la vida, una vez empezado, se va mediando, en la cadencia biológica obligada, invitando con mimo o aspereza, según proceda, a ejercer de loco y ponerse el mundo por montera, cosa que ni es fácil, ni debería ser difícil; pero, esa barrera en la indecisión podría decirse que ajusta la óptica de los prejuicios y crea la incertidumbre del pasar , o, no, extemporáneamente, del “todo fuera” y “sin reloj”, a la mesura de la reflexión y el “culto” y el “cultivo” a sí, y, de si mismo; esto, do quieran las circunstancias, desparramando conceptos, sin entrar en la “concreción de las ciencias” en su más amplio común sentido.
Habitualmente, pueden asaltar dudas sobre si se siente o considera imprescindible la devoción y consagración al sistema de relaciones más o menos socialmente-instauradas, y a los mecanismos de uso social más comunes, como, coloquialmente, pudiera ser, el “callejeo” por obligación, hojear la prensa por sus titulares bajo la excusa de un café de tertulia o, como modo de alternar, por costumbre establecida. Independientemente de quién sea, o no, amigo de estar sólo; o, simpatizante de practicar el ermitañismo; o, considerarse un ocasional “Robinson Crusoe” urbano, o por el contrario, rodearse, por hábito, de necesidades y necesitados incondicionales del barullo mundano, siendo, estas, vertientes o situaciones que; si pueden llegar a darse o, se dan; no debieran implicar para nada, común inercia de aplicación generalizada, habida cuenta de la variopinta gama de alternativas en la horquilla de opciones de individualismo social -pese al aparente equilibrio socializador- en la jungla de las relaciones interpersonales.
Dicho lo cual, como se dice coloquial-mente: -”si hay que salir, se sale; y si no hay que entrar, pues hasta que... y ...cuando sea”; pero, ni de manera rutinaria “obligada”-cada cual puede pensar como quiera, obviamente-, ni por “imperativo social”; dicho de otra manera, como también se utiliza comúnmente: -¡Si hay que ir, ¡se va!; pero, ir p'a n'a.....
El sistema de relaciones sociales fluye por sí mismo, y en su discurrir, cada individuo, lo administra según su código de conducta y su modo de considerar la diferenciación entre lo importante y lo necesario. Bien es cierto, que con frecuencia inusitada, la guarda de las composturas, por patrones de conducta ancladas al costumbrismo, hace que predomine la hipocresía a la verdad natural y espontánea, siendo ésta, ninguneada por, aquél.
Es evidente que todos necesitamos de todos, y que el mundo no sería tal si la sociedad se construyera sobre los cimientos de la individualidad en su más exhaustiva concepción, obvio; pero, tampoco es oportuno construir el laberinto urbano de las relaciones sociales alrededor de edificios etiquetados sin fecha de caducidad y con directrices arquitectónicas inamovibles tipificando sus calles como de dirección única.
Si cada individuo, cada persona, en su individualidad, en su concepción de sí y para sí, dueño absoluto -y responsable por ende- de sus libertades y de los derechos y deberes inherentes a su realidad social, elige traducir cuantos valores sociales y necesidades de socialización le ofrece el ambiente, en parcelas clasificables por orden de preferencia según sus convicciones y/o sus necesidades sociales; está en su perfecto derecho, así como la inercia natural de exposición a la crítica o discrepancia de sus acciones por los demás sujetos espectadores de su o sus conductas.
De perogrullo, es, que el individuo necesita de la sociedad y ésta del individuo, así, en igual orden, todos necesitamos de los demás, y los demás de nosotros, ...rematadamente obvio. Pero el como cada persona arbitre los extremos de su conducta de relaciones sociales, es obvio, también, que es patrimonio de cada cual; es quizás, éste, el principio de las individualidades. No hay ni cánones pre, ni establecidos, o cuando menos no deberían darse por aceptados, si existieran, para el desarrollo de lo socialmente correcto en el campo de relaciones interpersonales; ni tampoco deberían darse por sentados, patrones conductuales que confronten lo comúnmente aceptado, con las discrepancias de quienes no comulguen con ello.
En el entramado de las sociedades, la persona puede optar entre la individualidad o la sociabilidad; ambas no en su estricto sentido sociológico; sino en el de la interactividad conductual y en función de los intereses o preferencias de cada persona; como se dice comúnmente: -”para gustos, colores”.
La crítica a las formas de conducirse las personas, aún bajo el concepto del respeto a las libertades, en la sociedad cambiante, donde cohabitan patrones rígidos, cuidando no ceder terreno, demasiado, a patrones flexibles, es decir, donde la doble moral, el puritanismo, la superficialidad, la aceptación disfrazada, la hipocresía, la doble cara, ocupan un lugar en la aceptabilidad de las conductas en desacuerdo con esos extremos sociales concebidos como los del buen camino o la corrección de las actitudes, como que desmoronan el aparente aspecto sólido de la convivencia libre de prejuicios, dando identidad propia a las “miradas por encima del hombro”, tan abundantes en la mayoría de las sociedades civilizadas.
Mientras en la sociedad, funcionen las concepciones de moralidad-social de doble sentido, según el lugar que se pretenda ocupar en ella sin romper los moldes de lo bien hecho, o lo contrario; el uso de la sinceridad abierta, de la verdad sin envolturas, no será patrimonio de todos.

2/12/11

La vida en su relatividad.


Días de veinticuatro horas, algunas para dormir -no son horas, sino sueños-, otras para vivir, “si es que se puede vivir”, cosa que no es privilegio de todos los mortales. Contemos dieciseís horas, de las veinticuatro, descontadas las del sueño; ¿muchas, o pocas?; ¡faltan, o sobran?; ¡suficientes, o insuficientes?. La contabilidad de su espectro temporal - “de tiempo”-, es ejercicio numérico al arbitrio y criterio del administrador contable. Los tiempos no valen para todos lo mismo; ni son suficientes o insuficientes en igual medida o concepción; la relatividad del criterio es apreciación tan personal que se mueve entre lo exiguo y lo importante, como cualquier concepto preso de estimación personal.
La relatividad entendida entre lo que existe o no al mismo tiempo, sitúa el convencimiento frente a la discrepancia, la aceptación frente al inconformismo; la luz frente a la oscuridad; el amor frente al odio; la comprensión frente al despotismo; la extensión del tiempo vivencial frente a la brevedad - según quien fuere el cronometrador-.
Algo tiene en común el tiempo entendido en el terreno de juego de la vida, ¡que tiene veinticuatro horas, cada día!; pero sólo se viven las libradas del sueño; eso, si, quien además haga vigilia perderá más horas del día, toda vez que estará en permanente ejercicio de alerta con su consiguiente desgaste y merma de condiciones para dirigir los combates entre la lucidez y la apatía.
...Transcurre la vida, como en una barca -según ópticas personales- que unas veces se mueve a golpe de remo; otras la lleva el agua a su antojo; y, otras, simplemente flota buscando el sentido de las circunstancias existenciales. A golpe de remo -unas-, intentando sortear todo tipo de olas, arrecifes, icebergs, otros obstáculos de diferente importancia; y, otras embarcaciones -que; en el anonimato y en paralelo, unas; en zig zag, otras; en cruces de rapidez vertiginosa, las más eufóricas, que deben serlo por su destreza esquiva, o las menos cargadas de preocupaciones-; y, en perpendicular, las que van sin escrúpulo esquivando con soltura las de los más preocupados comunes; sin reparar en quién se llevan por delante. Las que el agua la mece a su antojo -otras-, son esas que de forma insípida, da tiempo a pensar si el discurrir natural de las cosas y los aconteceres cotidianos siguen un orden previamente establecido u obedecen al espontáneo devenir de los tiempos y las necesidades vitales. Cuando flota -por ende-, se baten en duelo antagónicamente, sin hacer ruido, la tranquilidad y la impaciencia, buscando sentido a las incongruencias de la realidad social e intentando explicarse el por qué de la soberanía de la hipocresía sobre el convencimiento de lo formal.
¿Por qué las cosas no pueden ser como deben serlo en este escenario vital de acomodadas costumbres y de inercias operativas?
¿Cuánto callamos; y, cuánto no decimos?
Todo gira en las relaciones interpersonales alrededor de verdades a medias, de sinceridad adornada, de claridad escondida, de franqueza interesada, de utilizar lo que los otros quieren oír, de engañar riendo, de hipocresías azucaradas, de cinismos en brillo de purpurinas que deslumbran a nuestros amigos de tertulia, y ceban a nuestros contertulios de rutina o íntimos de conveniencia. Todo ello sin que nadie, se, nos, preocupemos de cambiar el fondo de las cosas, antes bien, cuidamos muy mucho las formas para no interrumpir la inercia creada en el tiempo de las costumbres sociales.
¿Y cuando no se actúa de la forma anterior descrita?
...¡Ah!, en tal caso, se cae en desafío de la mayoría de las parcelas de la convivencia social, se provoca el argumento -ávido de inquilinos en la sociedad de las individualidades- de la agria soledad.

30/11/11

La vida y su doble fondo.

Reflexiones urbanas.
La vida, guarda en el doble fondo de su caja de seguridad, una clave alternativa, a buen recaudo y sólo disponible para cuando la historia, que a cada uno nos tiene asignada, desde nuestra aparición en el escenario social, desarrollada en su estricta singularidad e individualidad, llega a su recta final y, ya manida en su estructura de realidades cumplidas, según el devenir marcado de las cosas y los acontecimientos, pautados, para que no degeneren en incontrolados epítetos cotidianos, dando al traste con el objetivo último; sólo, entonces, pone en acción, y activa la clave, el mecanismo de incomodidades que a modo de reto final, desafían con inusitada soberbia, el arranque de la voluntad más herida, por el no haber sabido vivir lo bueno contra el valor de lo amargo, podrido y ennegrecido de la realidad brindada sin faja; pero, jugando al escondite de forma malévola y con intencionalidad desafiante como si se tratara de una faena de muleta en espectáculo taurino, en el que entre toro y torero, el “diálogo” es: “de poder a poder”. Esa es la realidad a la que enfrentados todos, no miramos de frente por conveniencias, hipocresías, cinismos, comodidades o por simple inercia de pensamientos abandonados, con intencionalidad morbosa, a pautas marcadas desde instancias que creemos fuera de nuestro alcance y que las llamamos destino. Qué elocuente me parece esa reflexión – no se de quién; pero, estimo acertada: -”nadie se va de esta vida sin saber que ha estado en ella”-.