De la mano de la vida.

Esa que se llama parte de todo el mundo, en su repartir beneficios a borbotones, se precia, al tiempo, de rondar en la incertidumbre de la existencia; o, cuando menos, de la continuidad de su hacer con sus rápidos y remansos, a cual más vertiginoso.
A corazón abierto, a pleno pulmón, abierta de par en par la ventana de la utopía, se desangra la vanidad y se rompe en mil pedazos la superficial esencia de la enajenación para representar, abierto el telón, los retales escénicos de la pantomima más fácil de cuajar en argumento tragi-cómico, la esencia de la vida.
Pegada a nuestra sombra, al paso de las risas y los llantos; jugando; si hay partida, a la mayor, para achicarse en pares y envidar al juego; su baza más importante. Juegos de magia con trucos sin telón de fondo, flores de una llama, conejo de un periódico hecho pedazos, paloma de un pañuelo repretado con el dedo pulgar sobre el hueco del puño de la mano contraria, sables que se hunden en el doble fondo de una caja repleta de promesas, triunfos y fracasos, alegrías y tristezas, luces y oscuridades, utiliza indistintamente adrenalina y congelación del movimiento; ilusionismo al descubierto; ilusionismo, puro y duro.
Ella, alardea de soberanía, de independencia, de poder, de dominio. Controla todo sin ser controlada, se cobija con gracia y suficiencia en las creencias humanas, sarcástica y cáustica, de vez en cuando -salvaguardando disimulo- complaciente, no más allá de la displicencia que se permite para dorar la píldora en momentos de desgracia irremediable; pero que le permite no perder su supremacía en el uso de su poder de seducción y de irreverencia convincente. Un mimetismo perfecto, un uso del estado camaleónico más sutil que asimilado; pero con la gracia de convencer sin esfuerzo hasta a su propia sombra, a su espectro.

Comentarios

Entradas populares