2/12/11

La vida en su relatividad.


Días de veinticuatro horas, algunas para dormir -no son horas, sino sueños-, otras para vivir, “si es que se puede vivir”, cosa que no es privilegio de todos los mortales. Contemos dieciseís horas, de las veinticuatro, descontadas las del sueño; ¿muchas, o pocas?; ¡faltan, o sobran?; ¡suficientes, o insuficientes?. La contabilidad de su espectro temporal - “de tiempo”-, es ejercicio numérico al arbitrio y criterio del administrador contable. Los tiempos no valen para todos lo mismo; ni son suficientes o insuficientes en igual medida o concepción; la relatividad del criterio es apreciación tan personal que se mueve entre lo exiguo y lo importante, como cualquier concepto preso de estimación personal.
La relatividad entendida entre lo que existe o no al mismo tiempo, sitúa el convencimiento frente a la discrepancia, la aceptación frente al inconformismo; la luz frente a la oscuridad; el amor frente al odio; la comprensión frente al despotismo; la extensión del tiempo vivencial frente a la brevedad - según quien fuere el cronometrador-.
Algo tiene en común el tiempo entendido en el terreno de juego de la vida, ¡que tiene veinticuatro horas, cada día!; pero sólo se viven las libradas del sueño; eso, si, quien además haga vigilia perderá más horas del día, toda vez que estará en permanente ejercicio de alerta con su consiguiente desgaste y merma de condiciones para dirigir los combates entre la lucidez y la apatía.
...Transcurre la vida, como en una barca -según ópticas personales- que unas veces se mueve a golpe de remo; otras la lleva el agua a su antojo; y, otras, simplemente flota buscando el sentido de las circunstancias existenciales. A golpe de remo -unas-, intentando sortear todo tipo de olas, arrecifes, icebergs, otros obstáculos de diferente importancia; y, otras embarcaciones -que; en el anonimato y en paralelo, unas; en zig zag, otras; en cruces de rapidez vertiginosa, las más eufóricas, que deben serlo por su destreza esquiva, o las menos cargadas de preocupaciones-; y, en perpendicular, las que van sin escrúpulo esquivando con soltura las de los más preocupados comunes; sin reparar en quién se llevan por delante. Las que el agua la mece a su antojo -otras-, son esas que de forma insípida, da tiempo a pensar si el discurrir natural de las cosas y los aconteceres cotidianos siguen un orden previamente establecido u obedecen al espontáneo devenir de los tiempos y las necesidades vitales. Cuando flota -por ende-, se baten en duelo antagónicamente, sin hacer ruido, la tranquilidad y la impaciencia, buscando sentido a las incongruencias de la realidad social e intentando explicarse el por qué de la soberanía de la hipocresía sobre el convencimiento de lo formal.
¿Por qué las cosas no pueden ser como deben serlo en este escenario vital de acomodadas costumbres y de inercias operativas?
¿Cuánto callamos; y, cuánto no decimos?
Todo gira en las relaciones interpersonales alrededor de verdades a medias, de sinceridad adornada, de claridad escondida, de franqueza interesada, de utilizar lo que los otros quieren oír, de engañar riendo, de hipocresías azucaradas, de cinismos en brillo de purpurinas que deslumbran a nuestros amigos de tertulia, y ceban a nuestros contertulios de rutina o íntimos de conveniencia. Todo ello sin que nadie, se, nos, preocupemos de cambiar el fondo de las cosas, antes bien, cuidamos muy mucho las formas para no interrumpir la inercia creada en el tiempo de las costumbres sociales.
¿Y cuando no se actúa de la forma anterior descrita?
...¡Ah!, en tal caso, se cae en desafío de la mayoría de las parcelas de la convivencia social, se provoca el argumento -ávido de inquilinos en la sociedad de las individualidades- de la agria soledad.

30/11/11

La vida y su doble fondo.

Reflexiones urbanas.
La vida, guarda en el doble fondo de su caja de seguridad, una clave alternativa, a buen recaudo y sólo disponible para cuando la historia, que a cada uno nos tiene asignada, desde nuestra aparición en el escenario social, desarrollada en su estricta singularidad e individualidad, llega a su recta final y, ya manida en su estructura de realidades cumplidas, según el devenir marcado de las cosas y los acontecimientos, pautados, para que no degeneren en incontrolados epítetos cotidianos, dando al traste con el objetivo último; sólo, entonces, pone en acción, y activa la clave, el mecanismo de incomodidades que a modo de reto final, desafían con inusitada soberbia, el arranque de la voluntad más herida, por el no haber sabido vivir lo bueno contra el valor de lo amargo, podrido y ennegrecido de la realidad brindada sin faja; pero, jugando al escondite de forma malévola y con intencionalidad desafiante como si se tratara de una faena de muleta en espectáculo taurino, en el que entre toro y torero, el “diálogo” es: “de poder a poder”. Esa es la realidad a la que enfrentados todos, no miramos de frente por conveniencias, hipocresías, cinismos, comodidades o por simple inercia de pensamientos abandonados, con intencionalidad morbosa, a pautas marcadas desde instancias que creemos fuera de nuestro alcance y que las llamamos destino. Qué elocuente me parece esa reflexión – no se de quién; pero, estimo acertada: -”nadie se va de esta vida sin saber que ha estado en ella”-.