1/3/12

Chiflado con mochila y por equipaje la vida.

Descamisado, desaliñado el pelo, con aire de chiflado y añadido retardo entre lo que piensa y quiere pensar, tejiendo y destejiendo al tiempo la bufanda cerebral con la que suele abrigar las ideas que él considera más excéntricas y más originales de su universidad mental, en paso descompensado y aturdido, avanza por un camino de tierra que conduce de alguna parte, lugar de origen, a alguna otra, lugar de destino. Deambula entre baches y parches, el chiflado viajero, llevando como equipaje la vida y absorto en sus debates mentales mientras duda en su caminar dejándose conducir por unos pies movidos a su antojo y abandonados a su suerte. Mira el reloj, busca no sabe qué en su abigarrado bolsillo, no encuentra nada y nada saca, vuelve a introducir la mano, ¡un agujero!, será el mismo de la semana pasada, bosteza, ¡aunque algo más grande!, bueno, ¡mejor, más amplio es el rebosadero para lo sobrante! ...¡tantas cosas inútiles...!, ¡aunque a lo mejor son ideas, no cosas, dadas para darlas por inservibles! En este punto, alborota las más cercanas a la mano y las saca del bolsillo sin afianzar la intención entre ingenuo y convencido. Al caminar de su paso, una zarza de la orilla del río que bordea el camino le ofrece un ramillete de moras que sonriéndole con la gracia de su madurez granate le invita a cogerlas, él, alarga la mano y como acariciándolas las saluda para seguidamente disfrutarlas en su boca abundantemente humedecida, al tiempo, tira de iniciativa el sagaz chiflado como si intentara desasirse de la espinosa rama de la zarza y se pregunta someramente: ¿se podrían meter todas, absolutamente todas las horas de una vida en un día como si fueran las drupas de una mora?, acto seguido pone en orden las mandíbulas de su hambrienta inteligencia física, no concisa por desparramada para masticar alguna de sus peroratas mentales: ¿Cómo tendría que ser un día en toda su extensión para albergar el equipaje de una vida, todas sus horas y en él, ella?, ¿cómo habría que distribuir la carga y los enseres añadidos para equilibrar los espacios y los tiempos sin provocar descompensación en la armoniosidad vida y día, así como permanecen compensadas en textura hasta ser deleitadas las arracimadas drupas de una mora? ...En preocupante gesto, más zote que interesante, con sus dedos medios frotando en masaje circular las sienes y con pose de intelectual sobrado, reordena su cabeza entre las manos para sin desembarazarse de cuestiones frescas o menos añejas sumergirse en otra, extraída de la misma masa, no menos escabrosa por emanar, igualmente, de los laberintos pensantes del queso de gruyere que tiene, con más frecuencia que con menos, por cerebro. Sobeteando la “masa” extraída moldea una de las ideas huésped sobre qué o cómo habría que agudizar el ingenio para que pudiera empaquetarse una vida en un día. ...¡Esta si es cuestión de importancia!, se dice, ¡de condición pantanosa más bien, diría yo!, ¿encajar la vida y todo su equipaje en un día?, ¡eso sería embutir que no es lo mismo!, sólo la pretensión ya es sobradamente extensa para llenar la mochila, no digamos si además hay que acomodar sus condimentos sociales, egoísmos embozados para que resulten menos ásperos y perversos, sentimientos no controlados y otros pormenores desbocados de la sociedad, compendios de conductas humanas dispares y diversas en su pretensión y sus intenciones, bloques de contradicciones entre lo socialmente correcto y lo políticamente incorrecto, lotes de compactas sociologías de ética contenida y a veces disecada, fajos de filosofía que en apariencia se desliza por los suelos haciendo de alfombra de embaucadores y profetas del todo y de la nada, paquetes y paquetes de intenciones disfrazadas según el acto público a representar, cajas de individualidades frustradas, globos de alegrías sin consumar, frascos de irreverencias a la verdad ensayadas y malintencionadas, jícaras llenas del descaro y cínico pábulo a la hipocresía social y menos social instalada en la cúspide del bien y del mal, para que de esa forma pueda ejercer su hegemonía sin obstáculos y alardear de su prominencia sobre ambos extremos filosóficos...., ...muchas telas y poco paño para atrezzo de un espacio sin límite... ¡un día y toda una vida en él!
...¿Todo?, ¡todo, no cabe en un día!, ¡claro que no! habría que acomodarlo, sintetizarlo, uniformar sus texturas, condensar sus desvaríos y su razón, desnudar su existencia para que fuera real, y ni aún así sería posible ni siquiera en un día de los que la Tierra tardara veinticuatro por mil horas en hacer un giro completo con su figura y no invirtiendo en ello ni uno más ni uno menos de sus segundos, y ¡aún así!, insiste ¡sería imposible!, ¡...a todas luces imposible!, ...¡qué excentricidad!
...Aunque, pensándolo bien, ...podría ser, ¡si, podría ser! Por ejemplo, comprimiendo la vida en un formato standar, ...¡en formato zip!, ¡si!, pero no comprimiendo el día, porque me quedaría sin día, se dice el ignoto chiflado, se perdería en el formato y entonces: ¡adiós vida!, ¡adiós equipaje!, ¡adiós, ...día, ...adióssss!
...También podría ser acomodarla con su equipaje en un micro chip para que en habitáculo tan singular reparta el espacio a su antojo y haga de él su propio rincón con su intimidad, su privacidad, sus privilegios -esos que escasean, por amplitud, en las dependencias del escenario de la vida-, sus caprichos, sus incomodidades, y todo diseñado ¿por qué no? a modo de la placa base de un pc convencional, sólo que en pequeño, claro, ¡muy pequeño!, ¡es un micro chip!, con sus calles para pensar, ¡en pequeño, claro está! ...hay que entender que lo que se va a alojar con sus cachivaches incluidos, es un día con una vida dentro y sus secuaces.
...Mientras, paso a paso, desabrocha más su sudada camisa, carraspea, bosteza y sentado a horcajadas sobre el tranquillo de la puerta de una casa abandonada en el camino más allá del zarzal al que ha homenajeado deleitándose con sus moras, saca de la mochila de las reflexiones, la siguiente: -Pero si ya la vida de por si es extensa en todas sus dimensiones y complicada, no entendida en sus mil maneras de presentarse y en sus otras mil de comprender y comprenderse, informatizar sus entretelas sería desvirtuar su propia filosofía y entonces daría igual que fuera la mía o la tuya, ¡que perfectamente puede ser la tuya!, ¿por qué habría de ser la mía?, lo suyo sería una vida sencilla, ...¡la tuya!, insisto, porque una llena de recovecos existenciales, como la mía, podría desbordar el sistema y nos obligaría a la programación de una vida centinela, o mejor dicho, una copia de seguridad, y como seguridad en la vida hay más bien poca a juzgar porque nadie sabe lo que va a durar la suya, pues mayor motivo para salvaguardar la esencia del espacio y el tiempo en el micro chip existencial de su realidad.
...¡Una copia de seguridad! Problema sobre solución o viceversa, o simplificando, enigma sobre enigma... ¡Gran enigma!. Cuestión a resolver, la vida dimensionada entre micro chips y coordenadas espacio-temporales. Un día por mochila y en su interior una vida hecha equipaje, ...¡toda una vida, ...estaría contigo, tararea el chiflado, como dice la canción -bella canción donde las haya-, mientras sigue a lo suyo, ...más jugosas las moras que la vida, y mira por donde, aún no conozco persona alguna que haya renunciado a ser mochila de su vida ni a degustar una mora, aunque llegado a este extremo, con zarza o sin ella ¡podría meterse la vida en un sobre sorpresa! ¡anda!, ¿por qué no?, ...¿no cantaban, no sin criterio, que “la vida es una tómbola...”?, pues también podría probarse a apretarla en un boleto con o sin premio. ¡Mira!, ¿y por qué no hacerla huésped de una copla, a lo mejor así lo concibió Jorge Manrique, y si no ¿por qué las coplas a su padre?, ...¡qué necio, chifli, y que bruto !, ¡esas coplas fueron a la muerte, no a la vida y su equipaje, ...¿ah, no?, ¡yo...creía...!, bueno, de todas formas ahí había esencia y mensaje para las cuestiones de la vida, ...privacidad, a lo mejor poca, tampoco la tenemos los demás; intimidades, las justas, pero ¡amigo mío!, ¡mucha enjundia en la disposición de los sentimientos en los versos y no menos filosófico que práctico!
...En andar cansino van ya, al igual que él, el camino de origen y destino y acunados en su propio polvo intentan adentrarse en la fonda de las sensaciones de la vida. ...Huele a pan recién hecho, los balcones y ventanas de las casas abren con despaciosidad sus ojos, la calle se despereza, el reloj hace tiempo puso su corazón en marcha y sus latidos marcan el compás del hacer y deshacer de las gentes. Todo transcurre con el común denominador de los gestos más comunes, las costumbres más repetidas, la habitual familiaridad del vecindario, ademanes de saludo, sonrisas cómplices, expresiones hechas: “¡luego nos vemos!”, ...de pronto se considera integrado en el decorado existencial y siente una fuerte necesidad de palpar el ambiente, se despoja de sutilezas, limpia el zaguán de su mente de obstáculos filosófico-temporales y abre su sentido común en afán de comprender el alcance de las vicisitudes cotidianas de quienes harán del tiempo un problema o un problema de su tiempo. Y, ...echándose en los brazos de la loca fantasía de la vida deja atrás las reflexiones, los enigmas, la mochila, el cansancio de viajero, la zarza y sus moras, el día y la vida con sus coordenadas, cachivaches y secuaces, ya no piensa en si un día como una vida o una vida como un día, todo queda al albedrío de la hospitalidad de la Tierra, ella dispondrá, si para el viaje sobra mochila o falta vida para un día.

5/2/12

Chiflado entre días, espermas y horizontes.

Un cielo cualquiera, tormentoso, azul, anaranjado, rojizo, blanco y algodonoso, o desordenado y atropellado como la azotea de un chiflado, domina cada período de tiempo que la Tierra tarda en dar una vuelta sobre sí misma, y que ha de ser consumido en obligación mundana toda vez que en su estructura existencial ha de dar cuenta de los entes y habitantes que entre inteligentes, menos inteligentes, burdos y menos burdos habitan las torres de viviendas y edificaciones que urbanísticamente “amontonadas” conforma el laberinto de los escenarios de la vida decorados a la sazón de hormigones y asfaltos en su compleja y abrupta fisonomía.
Como un centro de operaciones mundanas, observado por un chiflado, en el horizonte, un día al azar, emerge abriendo en abanico sus placeres, sus problemas, sus estrategias secretas y públicas, sus enigmas, sus fantasías, sus desmanes, sus aciertos, sus devaneos; todos, nutrientes vitales cívicos, racionales, irracionales, fantásticos, misteriosos, aventureros, reales, serios, graciosos, hasta despectivos e inmorales; pero, guarnición en su totalidad del suculento manjar que servido en bandeja de plata hará del común vivir el motor de la existencia.
Despierta un día, cualquier día, es indiferente su atuendo estacional y su ubicación en el calendario, un lunes, un jueves, un miércoles, ... ¡qué más da!, de una u otra forma, en uno u otro orden, abrirá de muy diferentes maneras en su hacer y por necesidades del guión de la vida vestirá un traje diferente en función de la geografía universal por la que dance y bailará al compás de ritmo improvisado haciendo uso y gala de cuanta cadencia en los pasos le permita para en cada lugar hacer de su argumento, espectáculo. El mundo es su ombligo, su maleta el tiempo y su equipaje un ejército de “chiflados” fijos u ocasionales, racionales o irracionales de entre los muchos que aguardan hacer aventura.
...Decía Descartes, de la sustancia, que era una cosa que existe y no necesita nada más que de si para existir. Nada más a mano para ejercer de vehemencia en la concepción de la universalidad de los conceptos que llevan a maquinar veleidades a un chiflado que, si encima hace tropa con la propia ingesta de argumentos mundanos, hará de la digestión un calvario de problemas cuya asimilación será más bien un ímprobo ejercicio de membrar y desmembrar la inteligencia. Quizás, uno de los bucles de la intelectualidad que pudieran marcar tendencia en el hábitat urbano por eso de la inteligencia controvertida, sería, ¡cualquiera sabe!, la temporalidad de los espermas -causa y efecto de la prolongación de la “existencia”, según el chiflado-, cosa que a modo de arbitrariedad inoportuna tratarla en referencias insustanciales a su propia concreción biológico-urbana, podría desembocar en disparate o locura, por no decir en lunática chifladura. ...Ellos, los espermas biológico-urbanos, al igual que la permanencia limitada de la claridad en los días, tienen también su temporal existencia real y no son pues producto de la imaginación; aunque, si: sustancia es lo sensible, lo que cambia, entonces si puede que la imaginación tenga algo que ver con su inusitada realidad, o con la sucesión de los días y las noches por eso de: ¡qué lejos vuela la imaginación cabalgando en su propia fantasía!. ...¿Y qué tienen que ver los espermas con el horizonte, y con el día? ...¡todavía con las noches!; pero...?, ¿no sé, no sé...?
A no ser que alguien piense que el Sol sale por el horizonte montado en un esperma, o vestido con la capa de la filosofía de la sustancia, ¡eso sería rizar el rizo de lo paranoico, de lo extravagante, de la exuberancia extraparanormal sin límite!, ¡qué barbaridad!, dice, el chiflado, desde su observatorio habiendo perdido la noción de lo que observa ...¡que reflexión más absurda!, de ser así, el horizonte cerraría su puerta a cualquier día soleado, y el escenario vital perdería la magia de su encanto.
Y así, ...un día cualquiera, con espermas o sin ellos, el cielo plomizo o apesadumbrado, alegre o exhausto, las soberbias del mundo rellenas de chocolate y servidas en hojaldre, las cuitas del chiflado a buen recaudo de su locura, el día y la noche formando hebilla para ajustar el cinturón de la existencia, el mundo intentando subsistir por eso de que “ser en si” es lo mismo, y ende-redor de tal galimatías de acciones y percepciones que rozan el filo de la extravagancia en el razonamiento de existir o resistir, la vida corre en torrente dejando su huella por la fisonomía urbana que, cincelada en asfalto y hormigón, es cómplice del fluir de la actividad diaria de cuantos la habitan y que como parte integrante del batallón humano en etérea aventura a golpes de sístole y diástole hace de la “parte racional de la creación”, incluidos los chiflados, el motor y el centro neurálgico de operaciones de la vida y de su propia consustancialidad.  

3/2/12

Chiflado y en la luna

¡Ayyy! lo que envuelve la Luna, con que garbo corteja la Tierra, con que gracia le enseña su mejor cara siempre, tan blanca, tan pulida, haciendo de sus guiños rugosos hojas de lirio bañadas en misteriosos claroscuros que ensalzan su siempre elocuente sonrisa. ¡Qué daría por ser lago de su rostro para poder refrescar su altanera belleza !
Así ensimismado, buscando la forma de ser rayo antes que trueno, desde su estado de volatilidad mental, piensa y reconsidera cómo sería el estadio más sublime de su mente, subido en el carrusel de las caras de la Luna, aunque quizás sea imposible tan siquiera imaginarlo y sólo la conformidad de la fantasía es la que le haría ver lirios donde solo hay, ...eso, Luna.
En tales fases del pensamiento anda con frecuencia el chiflado, dando tregua a sus más íntimas manifestaciones cognitivas y de forzada erudición que la mayoría de las veces no le llevan sino a vaciar los sentimientos y ahogarlos en delirio, por aquello de que con la intención se sufre y con la amnesia se relaja el entendimiento.
Una de tantas... en las que anda el chiflado entre pensar y pensamientos..., de repente, como tocado por un resorte mágico, descompone su figura y en ademán de haber sido alcanzado por la inspiración o sacudido por una singularísima idea, gesticulando más con las manos que con las entendederas, frunce el ceño y girando sobre si mira al cielo y..., decepción, es de día, además, día de invierno, sin Sol, y ¡claro!, ...sin Luna, gira en busca de si mismo como si no se llevara, casi se encuentra, ... ¿soy o estoy?, ¿quién y dónde? Con sigilo, reencontrado por fin entre giro y giro, como avisado por un pellizco hipnótico, se queda embelesado y en suspiro vehemente con voz pausada y grave en intento de interesar exclama con convencimiento:
-¡Hay que ver!, ...la Tierra y su redondez, como la Luna y la suya, en diferentes aposentos tanto en el tiempo como en el espacio. El caso es, pensándolo bien, que en el espacio y en el tiempo todo es relativo, y no en ellos sino entre ellos. Si uno observa el espacio desde el tiempo no apreciará lo mismo que si observa el tiempo desde el espacio; ¡qué eminencia soy, llegar a tal reflexión no es moco de pavo..., por que, vamos a ver, ¿es fácil encontrar un pavo sin moco?, ¡eh, eh?, pues entonces..., por eso desde el espacio se puede ver la redondez de la Tierra pero no puedes saber cuanto vas a tardar en resbalarte cuando pierdes la verticalidad de los polos, ¡ah! Esto tampoco es moco de pavo; ...¡claro, claro! es que todo no es tan fácil como uno se puede creer y no es que sea todo relativo sino que si cuando estás observando el tiempo desde el espacio se presenta una tormenta y estás en la mitad de arriba de la Tierra, haber como avisas a la mitad de la población que se queda debajo, en la mitad opuesta ¿eh, eh?; y, si pasara al revés menuda complicación, con qué argumento explicas que el agua que lleva la tormenta cae para arriba, que no sería caer que sería empujar. ...No, no es fácil, no, porque ¿qué es el tiempo, eh, qué es? Y ¿qué es el espacio, eh, qué cosa es, eh?
Pero se puede ir más allá, voy a imaginar que me dan un susto, y que me lo dan desde el espacio, cuando quiera percatarme y decir ¡ah! , el tiempo ha caducado, ya no procede decir ni ¡ah!, ni ¡oh!; sino: -¡oye acercate si quieres que me asuste! Por eso, ni el tiempo es espacio, ni el espacio es un susto. Y, ahí reside el espíritu de la relatividad del espacio y el tiempo, que no es capricho, ¡que no, que no...! Un suponer, tu y yo vamos a realizar un mismo recorrido y con seguridad no vamos a tardar lo mismo, el tiempo y el espacio aquí es relativo porque hay muchas circunstancias que contemplar: el número de calzado, las pulsaciones, el estado del terreno, la temperatura, el sentido del tacto, la presión atmosférica, la tensión arterial, etc, etc...; y esto sucintamente, que si se observan las circunstancias de manera exhaustiva, ¡buaggg! La relatividad del espacio-tiempo sería inconmensurable e incontrovertible desde cualquier punto de vista ajeno a los parámetros preconcebidos de: igual distancia a recorrer e igual instante de salida...
En estas cosas esta el chiflado, situado en el puesto de observador cuando parado ante si, empieza a percibir su propia relatividad. Contempla sus pies subidos a los zapatos y ensimismado, al cabo de un rato reflexiona: -si la Tierra se mueve, yo me estoy moviendo; pero será para quien me mire porque ni un milímetro ha variado mi cuerpo, ni tampoco mis pies porque no se han movido mis zapatos; aunque claro, a lo mejor todo esto es cuestión de tiempo y no de espacio; pero sigo sin diferenciar uno de otro y si son o no relativas sus cuestiones, ...¡esto no es fácil!
...En tanto ir y venir por los rincones de su habitáculo pensante, el chiflado no deja de pensar en la Luna, origen de sus principales reflexiones, allí está siempre, y basta con mirarla para percibir que siempre muestra la misma cara, no cambia un ápice su expresión, emana belleza y abstrae a quien la contempla, su mirada es fija, siempre sonríe, nunca parpadea, observa y no duerme, siempre está despierta, ¡como me gustaría vivir en ella!, pasearme por sus rincones, hacerle reír y reírme, jugar en sus espacios y con sus tiempos, acompañarla en sus cambios, vestirle de llena y acompañarla en su viaje del cenit hasta ocultarse con la llegada del nuevo día. ¡Qué elegante cuando se viste llena!, sin darse cuenta hace que tiempo y espacio sean entes relativos y por momentos consigue que los ojos la sigan en sus desvelos desnudos pintando de grises los vuelos del alba que la ocultará para guardar su belleza indemne hasta la próxima noche.
Así el chiflado en su recorrido astral entre movimientos sincrónicos de la luna, hipnosis puntual y tirando de volatilidad mental para asimilar la relatividad espacio temporal; y, sin saberse fiel al hechizo tras confesarse enamorado de la Luna, decide habitar en ella delegando en que el tiempo se ocupe de su espacio.

29/1/12

Chiflado y rechiflado

La vida, ...afanados todos por saber de todo y de todos, por dominar y dirigir todo a nuestro antojo a veces nos inclina a no ver nada en plena claridad y percibir lo imperceptible en absoluta oscuridad así el chiflado diría en convencida conclusión que ahí podía estar el quid de la teoría de la luminosidad de la vida con sus opacidades y sus penumbras, sus verdades y sus enredos, sus caminos y sus atajos, sus enigmas, sus éxitos y sus fracasos, sus problemas, todos ingredientes, claro está, del ser o no ser, existir o subsistir, afirmar o negar, admitir o dudar, y en este punto nada mejor que reflexionar: “yo pienso, luego existo”. ...Es así, la vida en su existencia no pide permiso para traernos a sus aposentos, nos chista, nos embauca y ¡ala!, ¡ya estamos todos en medio!, le da lo mismo que seas chiflado, estés o te lo hagas, ella nos pone el chip y a medrar como puedas con tus problemas, los que te busques, los que te encuentren o los que te regalen, eso si, a estos últimos es mejor tenerles respeto.
...La plaza de la vida en la existencialidad de sus causas y sus efectos como lugar de reunión de chismes, trivialidades, razones importantes e importadas y aventuras universales de las gentes espera el revolotear de ociosos, curiosos, solitarios, eminencias, pensantes, razonados e irracionales que harán de sus espacios sitio de tertulia, de estudio, de teorías y de pájaros, de pensadores y vacuos, los que siempre están en primavera y los otoñales, los chiflados, los rechiflados, todos caben y esperan su turno de exposición o de réplica, o sólo de oyentes, o sólo de pájaro... Mientras, entre deambular por sus misterios y entre chiflados volados que intentan saber cuál es su puesto en el universo la vida será entendida por muchos más que como la búsqueda de su yo, como un camelo, ¡esto si que es de estar chiflados!
También se puede pensar que la sustancialidad de la vida es como un árbol sin raíces, como un tiempo límite, como un laberinto de vetos, como una carrera de obstáculos, ¡qué puntazo, una carrera de obstáculos! ...¡yo me revelo!, ¿qué pinta un tipo como yo en este evento?, vallas, charcos, fosos de tierra y entre medias, la incógnita de la vida pulula por sus espacios, ... ¿como resolver tanto misterio?, ¡si, si! , resolver que no es lo más importante sino que lo que es capital es ¡resolverlos!, si claro ¡resolverlos!, ¡para eso hay que estar chiflado!, entonces hace falta el cómo, ...¡toma claro!, y alguien tendrá que pensarlo, ...¿o no?, uno mismo, o cada cual o nadie, ...¡eso no puede ser!, ¡nadie! ...sería de necios, a lo mejor de sabios, o por qué no de chiflados descubiertos o de rechiflados, ...¡anda qué!, vaya forma de remediar enigmas y misterios, ...¡enredándolos!
...No me convencen los argumentos, pero si atino... ¡pues qué quieres que te diga!, ideas tengo y de estudio, que no soy pardo ni necio, así es que ¡allá voy!, dice el chiflado: -Los problemas de la vida, que en ella estamos todos los pardos, los necios, los listos, los tontos, los avispados, los curiosos, los inteligentes, los escondidos, los encontrados, los del norte, los del sur del este y el oeste, estos últimos son muy espabilados descubrieron hace tiempo que en la vida “la muerte tenía un precio”, con caballos, pistolas, taberna, buenos y malos, este es un dato importante por que si hay que luchar por la vida allí casi hay de todo, hasta ...desierto, montañas, cabaret y abrevaderos para los caballos....
Pero tratando de descubrir como solucionar los problemas de la vida y su existencia también se podría probar con métodos, ¡mira por donde! El método “Ogino”, o más filosófico el de Descartes, con discurso incluído ¿o era, “El Discurso del Método”?, ...O también, por qué no se podría optar por resolver los problemas con gracia, o con aire flamenco, o con fórmulas, ¡mira eso si cuaja! con fórmulas como el álgebra: la x es igual a la y, y la y ¿quien es?
...Buena idea puede ser resolverlos con cuento... ¡Hummm!, ¡nunca se me hubiera ocurrido, resolver los problemas de la vida con cuento!, pero ¿con qué cuento? con el de Pulgarcito, con el de Alí Babá, Dumbo, o ...con el de “maría sarmiento”...De todas formas con o sin cuento para resolverlos hay que conocerlos, y para conocerlos te los tienen que presentar primero:
-”Estos son los señores problemas”.
-”¡Oh, encantado de conocerlos, es todo un placer.”
¿Y si no te los presentan y por un casual se presentan solos?, entonces, habrá que intuir si son tímidos o abiertos. Si fueran tímidos habría que sonsacarlos para convencerlos de la intención de solucionarlos; si son abiertos, el camino será indicarles que el problema son ellos porque si son capaces de presentarse así como así, con frescura, sin medida, con descaro, será que la vida no se fía de sus condimentos. Pero claro si no nos convencen los métodos, ni el álgebra, ni los múltiples razonamientos y encima andamos chiflados elegir para resolverlos la gracia, por lo menos es un mecanismo de mucha cortesía porque una vez solucionado con éxito, queda muy bien: -Gracias, muchas gracias... O en singular: -gracia, mucha gracia...
De cualquier manera, pensándolo fríamente a lo mejor el acierto mayor para resolver los avatares y desencuentros de la vida hecha problemas, son las fórmulas, ¡si, si!, las fórmulas, o bien las mágicas que son la repera porque te crees que te lo han solucionado todo y como se basan en la ilusión te la meten doblada y no te enteras; o, las fórmulas uno, que te lo solucionan todo a toda velocidad y no te da tiempo ni a ver los problemas, osea como una anestesia pero sin sueño.
Así es que como solución final con acierto o sin él, chiflado o rechiflado, ¿para que tirar de cuentos ni historias, ni la historia del cuento?, ¡el álgebra es la solución, ¡menudo inventó!, ¡mira, coges una letra le pones precio, haces una fórmula y listo, el problema de los problemas de la vida, ya está resuelto!

27/1/12

Razones de un chiflado.

Bajo la lluvia ,escondido el sol y tapado por los paraguas que cubren los rostros de sus usuarios en un baile de sube y baja al son del ritmo con el que intentan esquivar los charcos que a modo de cazuela se han formado por las quebradas baldosas de las aceras y otros huecos propios del deterioro al paso del tiempo, en su abandono natural, fruto de un selectivo cuidado de mantenimiento en cuestiones de urbanismo local, se hace melodía el chapotear del paso de los viandantes. La objeción sobre baldosas y oquedades, que no es de conciencia, es asunto de consideración “nacional” y no valen puritanismos, así como tampoco hay mala intención en sacar los colores al “turno de oficio”... Esto es trivial, lo de los paraguas, lo de los charcos lo del oficio, ...¡claro está que está ahí!, pero por insustancial es mejor dejarlo estar, de todas formas, el mantenimiento es eso: “mantén “i” miento”.
En el arte de estar chiflados, esta eso, el arte, el arte de estar, porque no es lo mismo estar, que no estar, como tampoco lo es estar, estando. Hummmm, ¡original razonamiento!, ...y ya estamos otra vez, “razona y miento”, aquí se invisibilizó la y como que intencionadamente ha decidido padecer un síncope, o una lipotimia, o un quitarse del medio por eso de que nadie le ha dado vela en el entierro. Pero el arte es arte, desde la óptica de un chiflado, en eso no miente, quiere decir no hay fraude con la i ni con la y, estar chiflado no es ningún invento ni treta para despistar los quehaceres y obligaciones de la mente pensante y razonadora ...Como llueve, el agua resbala por la tela convexa de los paraguas y hace gotera sobre el hombro del vecino de cola a la espera del autobús, uno cada media hora, no se inmutan ni el vecino ni el paraguas, tampoco protesta el hombro a no ser que lo haga su dueño que de suponer lo hará cuando la humedad lo obligue, porque el autobús, ...no llega. ¡Casualidad!, un charco sin disimulo espera que el autobús lo airee, ...llega, en súbito movimiento los viajeros de espera sacan su culo hacia atrás en intento de evitar el impacto de las babas del charco que por aproximación para el impulso les bañan la cara , ¡plafffff! ...churretes de barro, exabruptos, palabrajos y gusarapos, ...estaba visto y pronosticado el impacto y el cabreo, cosas del arte del “mantén “i” miento”, de la climatología, del tiempo de espera y del charco.
Barrillo sobre la calle, charcos y paraguas cerrados ya pues la lluvia amaina; sale el sol, ¡mira! con paraguas en la mano, ¡eso es de chiflados!, el paraguas para la lluvia, no tiene sentido pasearlos en un día soleado, como no sea en la intención de usarlos de sombrilla, o de bastón, ¡cada cual hace lo que le viene en gana, ...mire usted!, ¡o no mire!, en ese caso sería ¡no mire usted!, ...dice él.
...El autobús ha hecho riza en la cola de espera, entre los que ha bañado que han huido en estampida y los que han subido a él, la parada parece un desierto urbano, ¡qué limpieza! ¡y sin mantenimiento!, ...momento idóneo para leer el periódico sin empujones ni gorrones de lectura.
...Desde otra perspectiva, la calma de un día lluvioso cuando la lluvia es llanto sereno de las nubes que la dejan deslizarse en gracioso ejercicio deshilachándose en briznas que invitan a dejarlas que acaricien la cara, es como un espectáculo de nostalgias y recuerdos. Hasta se pueden evocar pensamientos y reunirse con ellos, como la noche pasada ¡que los reunió a todos! y una excitación, como cuando llueve a cántaros, incontrolada en la cantidad e incontrolable en la calidad, ¡como una tormenta!, ...fue creciendo. ¡Ahora caigo!, dice ...¡el oporto, el oporto! y las ganas..., al final, nos acostamos todos juntos...diossss!!, juntos ellos, el oporto, las ganas, la tormenta, la lluvia, la excitación, las nostalgias, los recuerdos, el ejercicio, la cara, las briznas, el espectáculo... ¡válgame la vida, ...qué pifostio!
Al día siguiente de haberse acostado, es obvio, con la mente en “posición” onírica, por una rendija de su azotea atisba que en aquel pifostio habían estado además los pensamientos conocidos, los nuevos, los que le gustan, los más difusos... los que terminan confusos, los que se quedan a medias, los atrevidos, los que se esconden bajo el edredón avergonzados y avergonzantes, los motivados, exagerados... los que se “le fuman”, los que queman!!! ¡Curioso!, ¡y nadie llevaba paraguas!, claro que en la cama para qué, si ahí no hay que esperar el autobús, ni llueve, ni hay charcos, pero ¿qué tiene que ver un paraguas con los charcos? ...¡Ay, nostalgia, ¡qué estrecha parecía, se dice, con el oporto mi cama y con todos ellos...ellos...ellos...ellos...mis pensamientos, los días de lluvia, el sol, mi azotea cansada, mis cosas, mis causas y sin paraguas!
...Y luego dirán que no hay razones para estar chiflado. ¡Mire usted!...

26/1/12

Coloquio de chiflados

Como todo principio o primer instante, como primero en tal cosa u otra, como toma de contacto por primera vez, ...¡siempre hay una primera vez!, por eso se da la circunstancia de un final, porque hay un principio, así lo va masticando el chiflado a la carta; si no hubiera sido por la primera vez, insiste, no se me habría ocurrido estar chiflado, todo es proponérselo, lo demás sale por curso natural, por propia corriente con sus rápidos y sus remansos. Ahora, por ejemplo, busco un lugar, un lugar que sea la primera vez que vaya a estar en mi, porque soy yo el encontradizo, como en la química: un producto, un principio inmediato.
...Los puede haber más que yo, más cuerdos y desde luego más chiflados. ¡Mira por donde sería curioso que las cosas del destino hiciera magia de pronto y en coincidencia física nos cruzara para entendernos hablando. ¡Qué imaginación! ¡Claro que en el mundo, de cada dos, uno es chiflado, ...¡no es tan difícil entonces; pero ¡que reflexiones más absurdas, al final pareceré..., ¡mira, y más que los otros, los del destino...
Abre el día, todavía juega la luna con el sol en último intento de no darse por perdida; aunque, como no le gusta estar morena se cubre la cara y en ejercicio de protegerse se esconde obligando al sol a desistir del juego. Así se esta relatando el acontecimiento otro cuerdo que ignora no serlo y estar chiflado. La luna le encanta, lo abstrae, lo inspira, le evoca pasión, lo chifla por eso ignora su razón de pensamiento y no repara en su condición de no cuerdo. ¿Qué tiene que ver la luna con el razonar pardo?, ¡qué más da, se dice, qué más da, ...el tiempo es tiempo, ...¿en la sucesión de los días quien es el protagonista, el Sol, la Luna, la Tierra, todos juntos, sus movimientos...?, mira por donde nunca me he parado a pensar en la razón de la existencia de la luz y la oscuridad con sus luces y sus sombras -abundancia absurda- porque un año tiene muchas horas de luz, pero también reconviene tiempo en sueño... ¡Bueno, qué más da luz, oscuridad o movimiento estelar, ¡estrellas! ¿y qué tienen que ver las estrellas en esto?, pues deseo, ¡anda qué!... ¡Mira que si el destino y sus caprichos hiciera con su magia que coincidieran chiflados y cuerdos en el espacio del tiempo!, ¡sería curioso!, ...¡bueno!, a lo mejor esto es reflexión de un idílico chiflado con causa.
Enamorarse, enamorar, como en todo siempre hay una primera vez, como mirarse al espejo y no verse adrede para volverse a mirar buscando la inmortalidad de una imagen que nada tiene que ver con lo que se quiere en ese momento. ¡Eso es coquetería!, ¡qué va!, ...fantasma de una realidad evidente a modo de la sublimación en el cambio de estado de la materia, un salto de vértigo o resultado de estar no condicionado a sublimarse en el ensueño. No recuerdo haber estado enamorado, se dice en propia convicción, y hurga en su saber y se pregunta, lo que le lleva a insistir frente a un espejo para comprobar si está chiflado. Así se cuestiona y con enfado exclama ¡sólo me faltaría averiguar mi estado en un espejo!
Tendría gracia, mucha gracia, que caprichos del destino hicieran causa común y de una tacada lograra coincidencia morbosa de chiflados, así como si serlo fuera esencia permanente de la vida... Tendría gracia que en la búsqueda de lo complejo tuviera el azar en su mano la llave de la razón de la mente. Serían, así, cosas del azar, y el destino en sus designios reconvendría en sus ocasionales pretextos que procedentes de lugares tan diferentes y distantes en la geografía física y humana como quepa imaginarse , hicieran causa común como avispas haciendo avispero, absolutamente anónimos, en un impensable coloquio de chiflados, embebidos en dispersión refinada del diálogo, del entendimiento, de la mente en inusual filosofía de la casualidad, la ciencia de las hipótesis y el arte de la pensante cultura ocasional y anfitriones improvisados de obligación curiosa.
...Todo apunta a un denso amasado de ideas y opiniones en concepción diferente de concebir los pasillos del pensar. Cosas del destino, se han reunido chiflados de las más dispares coincidencias. Como todo es casual, la improvisación recorrerá la expectación sobre los contenidos en su extensión enciclopédica. Un observador hace matices, y, curioso, no se sabe también chiflado. En esas ciencias y sus conjeturas, cada uno llevará, sin proponérselo, en sus alforjas mentales su propio índice de materias germen de sus vahídos neuronales, así como la cantidad y calidad que de estas defenderá en convencimiento de sus horizontes llegado el caso, disponiendo el contenido por tamaño en las estanterías de su biblioteca mental para tirar de ellas en los improvisados momentos de exposición y réplica, ...sin duda fugaces dada la extensión de las lagunas que a buen seguro harán silencios de sus monólogos.
...La movida pinta interesante para el también improvisado observador externo, no se conocen entre ellos ni saben de su coincidencia en el ocasional “concierto”, tampoco saben de este ni de nadie ni de ellos, y lo más curioso aún: ¡ninguno se sabe chiflado ni que esto sea del espontáneo acontecimiento condición!
Desde fuera, el observador, ágil en lo de captar curiosidades mundanas, afila sus sentidos y se comenta: -¡Parda la pueden montar, entre diversas geografías, hipótesis, filosofías empapadas en premisas sin conclusiones finales, empanadas de cabalísticas y experimentos!, ...¡cómo para pensar cualquiera que se va a producir un congreso de chiflados!
Corriendo las primeras manifestaciones así como lo hacen las moléculas de los líquidos que se mueven en todas direcciones y a todas las velocidades posibles, la tormenta de ideas que puede derivarse de una mezcla tan heterogénea de mentes pensantes, aunque desordenadas por propio criterio, puede desencadenar en sunami arrasando los más concisos y precisos argumentos del pensamiento. No será el llevar razón lo que les preocupe o prime en tan pintoresca coincidencia social, ¡qué va, ni mucho menos!, ¡eso son argumentos menores!, la principal preocupación de ellos, será resolver la incógnita del porqué de la hora, el sitio, el lugar, los misterios y las cuestiones; ...la filosofía concurrente, las hipótesis y los avatares de las ciencias vendrá después cuando surja la espontaneidad de la amistad coincidente en el improvisado entramado de la lucidez y la profundidad estoica de las cosas y sus causas. Cada chiflado al final guardará en sus estantes la duda antropológica de que si de cada dos uno lo es, la proporción de serlo a la carta, en el espejo, con causa o a la fuerza es la razón de la incognita sobre si es mejor serlo o parecerlo.

24/1/12

Chiflado sin querer

Podría ser el pasear de un día cualquiera, sin horas, perdido en la longitud y latitud de su imaginación y sin hablarse y sin saberse se vió, sin haberse estudiado, encarado frente a un cruce de calles, en tal punto, a la derecha de su intersección se descolgaba, “sin arnés de seguridad”, una avenida amplia, por cuyo rostro se deslizaban infinitas lágrimas dejadas al azar por los pivotantes de repartidas “arterias” de riego por aspersión que enervaban lo flácido del césped de los jardines circundantes dañado por la sequedad de los días. Cientos de neumáticos propiedad de vehículos anónimos esparcen impertinente e imprudentemente las lágrimas del riego, y si bien no se percibe el rodar, si se hacen visibles, como vaho de respiración, los gases de la combustión de sus digestiones internas, necesidad biológica de los caballos que los mueven. Él se analizaba en razonamiento peregrino intentando descubrir si tenía sentido su pasear hacia ningún sitio o era inercia de abatida nostalgia de amores perdidos. En el caminar y en su no hablarse ni saberse aunque reflexionándose sobre si existe o insiste, árboles a distancias medidas intencionadamente repartidos intervienen en el paisaje urbano, él, acaricia a golpe alegre algunas ramas que se descuelgan por el peso de su retrasada poda y que le dan en el hombro, otras cobijan algún que otro banco de madera barnizada sobre los que se ronronea un periódico abandonado y al que el ligero viento acaricia desinteresadamente las primeras hojas reconviniendo otras desacomodadas del diario que han servido antes para proteger la culera del paseante chiflado. ¿Por qué no volverse a sentar y dilucidar el sentido de su abstinencia amorosa...?
En el suelo, revolotear de hojas caídas de los árboles a las que el chiflado anima con su pie en su bailar insulso en intento de jugar con ellas a cara o cruz no para despejar ninguna incógnita pensada, tampoco para intentar “saberse”. En una de las intersecciones de calles adyacentes con la avenida, una glorieta de dimensiones poco prudentes en su cintura exhibe una fuente de chorros a modo de dedos que en su borbotar quieren alcanzar el cielo, esto es reflexión de él, el chiflado, que en sus diferentes alturas mentales y a diferentes impulsos, como los chorros, trata de convertir en realidad la fuente con la apariencia de un piano, cosa que sensatamente piensa que en si es de todo punto incongruente. Él, para inhibirse de la anterior estupidez, tararea una melodía, no sabe por qué, “Fur Elise” -de Beethoven-, al tiento, descubre que es arítmico, ... ¿contrariedad?, ¡vaya usted a saber,! porque en su conclusión pretérita ni se hablará a si de su ausente ritmo ni se sabrá por qué... Sin embargo en un momento de lucidez, para sus adentros se insiste: ¿ser chiflado sin querer, no será más bien una excusa?, porque un chiflado, ¡siempre quiere serlo! De vez en cuando el sol se asoma entre los edificios laterales y se abre paso entre el “dialogar” de los pájaros que atusando sus plumas habitan las copas de los árboles. Abajo, en la calle, algún que otro perro, de vez en cuando, olfatea restos de señales de otros, ¡qué cosa más poco saludable se dice para sus adentros, él, el chiflado!, será que nadie le ha dicho que es cosa sucia y asquerosa? ...Pero insiste, se insiste en reflexión parsimoniosa: ¡Claro, ahora caigo: los perros son territorialistas como los hombres, pero como no tienen ejércitos, usan sus meadas y marcan así sus posesiones ¿no lo sabías?, para si, para sus adentros, ...¡ay, que no estoy cuerdo!
...En la continuidad de la avenida, en su doble sentido de tránsito, se reparten negocios en amplio abanico de ofertas y variedades que hacen del fluir de las gentes por sus arterias un ir y venir con sus saludos, sus paradas, sus caídas, sus empujones, sus risas y su estorbar inintencionado en rampas de acceso en favor del eclipse de barreras arquitectónicas, un acierto, se dice, mientras elucubra sobre el perro..., al tiempo se repite, ¡curioso!, ¿por qué no tienen ejército?
Un gran parque al fondo marca el coronar de la avenida, como un islote se deja rodear de un entramado de accesos que invitan a paladear el paseo tranquilo, cosa que aprovecha él, para dilucidar si una vez dentro animarse a disfrutar de su quietud y su sosegada lozanía o contagiarse por ósmosis de ellas. En el costado derecho del parque una única bocana abre jovial en actitud de anfitrión complaciente un espacio de pomposas terrazas y amplísimas aceras cortejadas por jardines que descubren ceremonialmente un agradable y exquisito bulevar, ¡delicioso ambiente!, se dice él, el chiflado sin querer, hace una pausa, se examina y reconduce su sabia experiencia en el arte de no pensar... En si, el paisaje, comparándolo con los desnudos espacios de su saber vestido y calzado en sus glorietas, sus aceras, sus gentes, su lozanía -sólo emulada por él pues la ósmosis no funcionó-, sus bulevares sus cruces de calles y mentes en intersección de sus elucubraciones y lagunas mentales, en fin, como cualquier paisaje..., es como un paraguas, o mejor como un sombrero, o como un tocado de fiesta, o como un perifollo pomposo, o como un toque personal invisible, ¡si!, mejor que sea eso, invisible, no es necesario destacar cuando se sobresale, eso es suficiente, ¡claro, claro, claro..., el ego, el regodeo narcisista, el orgullo, el brillar como el Sol...!, es que no es lo mismo ser Sol que ser sombrero, o perifollo, o tocado -que no hundido-, y no digamos ya: ...¡ser invisible!
¡Oh grandiosa elocuencia, la miá!, en el paraíso oculto de las cosas y sus causas, como en la continuidad de la avenida, andar perdido y chiflado es más fácil que difícil, así cuando el Sol husmea en el diálogo de los pájaros y refleja su cara en el haz de las hojas caídas a su antojo puede ser que un ejército, de lo que carecen los perros, de episodios circulantes por el destino de la vida, aún con pelusa y recelo a modo de envidia entre el ser y parecer sombrero, paraguas o perifollo, quieran recorrer por el borde la cintura de la glorieta que obliga en giro al pensar vacío de la inteligencia inerte sobre la hospitalidad del bulevar: ...¡Qué sin-sentido y que vacua reflexión!
...En el cruce de calles que para nada tiene que ver con la razón de ser chiflado sin querer, ni estarlo, es mejor parecerlo queriendo que parecerlo estando.  

22/1/12

Chiflado en éste mundo

Es concepto de considerar común y de entender al alcance de la mano lo de estar chiflado en este mundo patas arriba, abigarrado de puntos de inflexión incardinados en estantes de intereses encontrados y contrapuestos. El éxito es no estarlo, y el que lo esta por definición se encuentra vagabundo en este “mundanal mundo” desorientado. Así lo argumenta un chiflado que en la sucesión de los días, recibe un toque mental a modo de golpe certero de esgrima y en su pensamiento aparece a modo de “bocadillo” de tebeo una nube con el contenido: -¡touché!, en ese instante frena su caminar, se vuelve sobre sí y la sombra de la guitarra que lleva al hombro le engaña a modo de compañía fantasma, ¡no, no hay nadie..., guardia bajada!, la alerta mental indica al vagabundo del mundo no encontrarse en ningún lugar ni familiar ni buscado. Está en el punto de partida, ...no son las seis, le falta un cuarto, ...no hay local alrededor, ...nadie lo mira, ¡no es el blanco!. Y ¿qué hacer?, el mundo sigue...
...Un té con limón a eso de las seis de la tarde, las piernas cruzadas en asterisco y los codos encallados en la mesa de mármol recibiendo en sus narices el evaporar de la taza dejándose envolver con las emanaciones de la infusión semitapada en gesto de paladear la ligereza del aroma impregnado en sus efluvios ...mientras, en su recóndita visión mental elucubra sobre el porqué de la hora y sus cuartos. Siempre hace lo mismo y acaba sin tomarlo, en el ejercicio dicho, hallaba el placer del ritual. ...Todos los días, a las seis de la tarde, en el “café real”, daba igual el nombre del establecimiento y la ubicación urbana verdadera, ...era el “café real” con su distinción insigne, sus mesas de mármol, sus sillas de madera en color marrón barnizado y su respaldo encargado de abrazar la cintura del huésped, su sabor parisino, su “todo” envuelto en una imaginación inigualable y en una descripción imaginada indescriptible. ¡No, no hay que estar chiflado! Lo mejor, la llegada al establecimiento, una escenificación repetitiva, calzado en un pantalón vaquero roto a la moda, una chupa vaquera precedida de una camiseta gris de manga larga con un bolsillo superpuesto y dejándose ver por arriba, por abajo y entre las mangas, peinado a remolinos, un macuto por zurrón, unas “gafas John Lennon” y una guitarra arrastrada al hombro, ...¡una pintura de lienzo! no por su “desapercibido” aspecto sino por el despistado cromatismo de sus movimientos, ...¡un cromo, qué coño! Así conseguía ser el blanco de los “externos” -por considerarlo interno de manicomio- que cada uno a lo suyo de reojo comentaban la estridencia del curioso individuo, y él, chiflado, sabiéndose observado veía cumplido su objetivo “sin proponérselo”, ser el blanco.
...Un reloj de bolsillo llegado a este desde la cadena que lo fijaba a la trabilla de la cintura del pantalón, le daba el aviso puntualmente encargado: -¡las seis, la hora del té, el primer establecimiento a la vista era el “café real”..., sólo cambiaba el lugar, daba lo mismo en Pekín que en Madrid, la hora en punto obligaba a que fuera el “café real”. ...La guitarra era simple compañía, no sabía tocarla, le hacía las veces de taburete, de cabecera, de almacén y de solapa de las pegatinas publicitarias que a modo de pertenencias preciadas adhería en recuerdo de nada y de ningún sitio, ...no viajaba.
En cada lugar marcaba el tiempo, su tiempo, hablaba a quien le miraba de las lindezas del té que nunca tomaba, no intentaba convencer, ni lo hacía, ...estaba a todo y a nada, habitaba en el mundo, tomaba sus decisiones vitales con acomodo, usaba para si sus argumentos y chiflaba con sus labios, sin chifle, esgrimiendo notas de sentido inconcluso..., sus tic formaban parte de sus manías ancladas, también, como las pegatinas a su guitarra.
Él, estaba en el mundo, en su mundo, de acá para allá, de las Maldivas a las Bahamas; de Canarias a Murcia, a Málaga, al Norte, a ninguna parte, ...no tenía casa. El clima, inverosimil, al pairo, él y sus circunstancias. El registro de sus peripecias era plano como un encefalograma en parada vital, solo un residuo visible, la hora del té en el “café real”, lo demás estaba de más, consideraba que lo vulgar de las gentes y los lugares cualquiera que fuera su geografía era cuestión de transitoriedad sociológica, pura antropología mundana, sainetes de primavera sin interes tertuliano, en el mundo menos y más próximo, se decía, todo funciona a golpe-remache, media humanidad se encarga de criticar a la otra media y a mí no quiero que me pillen en medio, al fin y a la postre cada cuerdo tiene su manía y una manía no es patrimonio de nadie, por eso, ...el té es bebida del gusto de mucha gente, incluso de corte refinado inglés, y, yo, se dice: -¡no lo tomo en cualquier parte! quiere decir lo cual, por ser manía...

21/1/12

Chiflado sin saberlo.

Hacía tiempo buscando entre sus legajos guardados en el trastero de su desordenada casa -para los de fuera, que para él tenía su orden incuestionable- por llamarla de alguna forma ya que las diferentes piezas eran multiuso y multiforme combinando en perfecta comunión la dejadez con el abandono, encontró una pluma de ganso de impecable punta y forma hecha a la mano de su escribano a pesar de los años en desuso; dudó entre cogerla o respetar su descanso por aquello de que pudiera quebrarse en su longitud conservada a saber cuánto tiempo y si la polilla podía haber anidado indolentemente en su enjuto esqueleto; pero la curiosidad volvió su duda en atrevimiento y la tomó en su mano, la acarició con exquisito tacto, hizo gala de placer sobre sus labios cosquilleándolos, la olió y la volvió a su lugar descanso, ...¡qué maravilla!, se dijo, y al tiempo inquirió para sí: -¿Como puede estar olvidada y no desfigurar su compostura a pesar de la abstinencia del escrito y el fluir por sus “venas” de la tinta, a juzgar por los restos negruzcos que residen en su “persona”...?
...Gran imaginación la del chiflado, que entre otras desavenencias por virtud tenía facilidad de palabra, amigo de garambainas reflejado esto en sus frecuentes descomposturas personales, imaginada orientación, instinto no tácito, elocuencia semiaprendida, intuición desgastada, despistado, intelectual en fase de instrucción, menos culto que cultivado, filósofo de ocasión, dialogante enrevesado, conversador sutil, ágil de mente -vivo, más bien-, retrotraído a sus íntimos adentros -pero disimulado-, ...¡un “Séneca”!, que podría decirse en intención de ponderar al alza las virtudes tapadas de un maniático a “plazos”. En las invisibles, a los demás, oquedades de su mente se hacía refugio a las desavenencias entre el criterio de su razón y la razón de su criterio, chocaban en sus apreciaciones, discrepaban en matices morales y de equilibrio léxico, coincidan en los silencios que usaban de remanso para decantar las impurezas de sus impertinentes contradicciones; pero su terquedad no daba sitio ni tregua a las desconsideraciones del uno para el otro.
Alguna vez se enzarzaba en peregrina causa alrededor del respeto, ...¿qué cosa es?..., y lo destripaba entre argumentos: -respeto, ¿como causa o como miedo?, como miedo a qué; y, si el respeto se entiende y se extiende entre varios y se discrepa del mismo, se decía él, ...el chiflado, puede convertirse o acabar en guerra fría, ...¿no fue eso, el respeto o el miedo lo que embozó el mal mayor con el menor para abortar la guerra entre americanos y rusos?, y en este punto ¿podríase considerar la presencia del respeto como comprensión..., paradigma de entendimiento aunque no se comparta su sentir o su idea....?
Pensativo, un momento, entre la reminiscencia del encuentro de la hierática pluma y las desavenencias de la razón con su criterio da rienda suelta a su acostumbrada frivolidad y riendo, se adentra entre el respeto y sus contextos entresacando cordura y consecuencia al argumento para concluir en excomunión diciendo: -¡Soberbia conclusión que en una misma palabra se reúnan dos conceptos tan distintos y se usen por igual!: ...¡eso es respeto!
...Leía con desdén de pasota cuerdo sin saberlo, de vez en cuando, las fábulas de Esopo. Le gustaban y encandilaban sus moralejas cuajadas de didáctica trama y común moralidad, más su indomable condición de terco “sabio” hacía que las conclusiones morales tomaran el tinte que él quería y no el que entendían los comunes mortales. Así se creía ser, aunque no convencido, diferente al criterio de quienes al montón aceptan lo establecido por norma y no por norma lo establecido. Gustaba de jugar con el sinsentido de las palabras en frases de acomodaticia comprensión en contexto de cierta vulgaridad intelegente, usaba el pensar atropellado pero controlado habida cuenta su ocasional filosofía, era consciente de su aplazada tendencia a la manía sello esta de su elocuencia medida, de su manida intuición, de su conversar enrevesado..., eso si, volvía con terquedad al por qué de la dormida pluma... Quizás, pensaba y reconsideraba: si sería el ganso reacio a la “insistencia escrita” y en testamento, perdido u olvidado, dejó dicho que puesta en el trastero no habría uso del desuso... ¡Qué imbecilidad chiflado!, ...¿chiflado me he dicho?, ...¿estaré chiflado?. ¡Qué testamento ni que ocho cuartos!, una pluma es eso: ¡ una pluma!, su legado no es suyo, es del escribano, y si yo escribo con mi tinta y con mi mano, es que el trastero es mio, la casa su causa y el tintero testigo de que estoy chiflado sin saberlo.

20/1/12

Chiflado errante


De acá para allá sin meta, sin destino fijo, vueltas y revueltas por campos, calles, pueblos y ciudades, cada uno y cada una con sus colores, sus sudores, sus ruidos, sus vericuetos, sus escondrijos claros y oscuros, ensamblados todos y cada uno en el cromatismo particular de la estructura física de cada pieza en el puzzle que configura el mundanal espacio habitable en su largo y en su ancho. En el ir y venir sin rumbo, en el afán de recorrer distancias para entretener la mente del renegar del paso, unas veces engañándolo con cantos, otras convenciéndolo con arte y otras ya abandonado a su suerte, late el ritmo del corazón cansado pero vivo, en centinela, para poderle al hastío que acecha como consecuencia de no ir a ninguna parte.
La partida, al salir es precedida de preparativo parco, alforjas de mucho fondo y poco poso, calzas de cueros ajados por el ceñir sin ser bruñidos a tiempo para “curar” raspaduras en sus pieles envejecidas más por abandono que por oficio, una manta para guardar los huesos del frío, una jícara con agua, una linterna y un palo de rudos nudos que en el caminar se irá ajustando y ahormando a la mano en su apoyar para reposar la fatiga del cuerpo andado.
...Amanecer de los días, echarse las tardes, para recibiendo las noches, vuelta a empezar amaneciendo y acompañar, en su repetir, al ciclo de la existencia para así cubrir etapa y, en el caminar, entretener la mente y aligerarla de las cargas de sus vaivenes filosóficos, menos profundos -mundanos-, a veces -las más- vulgares, vacíos otros y relegando los más entretenidos para momentos de asueto que estos requieren más cordura por su intención, su pasión y su deseo...
...¡Ah! graciosa la claridad, dice el chiflado, cuando despierta y pone en orden el desorden de las chifladuras, los caminos empinados hacen se atragante su gaznate con la mezcla del aliento seco y la cálida humedad -más bien caldo- del agua de la jícara. Entre los caminos que suben y los que bajan se forman y conforma el tapiz áspero del suelo que en su trazado conduce en su larga extensión al asfalto, más “educado” en su superficie transitable, pero más verdugo al caminar enhiesto del errante chiflado.
...Y se suceden espacios y distancias marcando paisajes de horizontes rojizos mezclando el eco de su expresión ruda y cansada, con el gris plomo del territorio urbano. El viajero, envuelto en sus ropas sudadas y con el pelo mojado -en afán de refrescarse- por el sudor, el polvo y el agua residual de la jícara, observa con dominio de espacio el que dedicará para resumir la concluída etapa de sus huesos cansados.
Cuando empezó el viaje..., no conocía destino, las rutas del errante no eran ni fijas ni concisas, ni estaban a buen recaudo de distancias cotejadas, había un origen y nada más que clarificara ruta, por eso de que “todos los caminos llevan a Roma”..., tampoco era relevante hacer parada y fonda predeterminados, él, con su “bastón de mando” por apoyo y guardia, sus pensamientos variopintos y el jugar volado de sus espacios mentales, hizo de la distancia un suspiro para acabar cuerdo que no chiflado.

17/1/12

Estar chiflado.

Estar chiflado.
Aquellos días, aquellos tiempos, aquello, era otra cosa; era o no era, no lo sé, era. Tampoco era necesario saber si eran horas, días, semanas, meses, años, ...eran; ... y qué más daba, si se sucedían de forma natural, detrás de unos, otros, en cadena, sin discontinuidad, con orden, sin empujones, sin ansias, sin adelantarse unos a otros, con exquisita prudencia y delicadeza, si era necesario se cedían el paso, si no, compartían sus tiempos de espera en la cadencia del turno, hablaban, tenían sus confidencias -secretas, claro-, los había con flow y sin él, todos, eso si, gozaban de buena cara, su expresión denotaba paz, ¡qué buena gente!, ...los días, es obvio.
Chiflado, que en tono coloquial no es estar “loco”, es, ...parecerlo. Alocado, chiflado, ...no, no es lo mismo, la conexión entre ellos no se sucede como el transcurso de aquellos días, esos, eran otros, nunca llegaron a saber si alocados o chiflados, eran algo, ...eran.
En la sucesión de aquellos, llamaba la atención la musicalidad de sus silencios, la cadencia de sus pausas, el tono de sus notas, todas ordenadas y prudentes en su duración, ...como ellos, de las semifusas, a las blancas y en ese orden: fusas, semicorcheas, corcheas, negras, blancas, redondas..., ellos pasaban así, paseaban así su quietud y su galantería, altivos, crecidos ante sí, joviales, sin tregua al desánimo, se sabían seguros y significantes, quizás mejor, significativos, sabedores de ser guardianes de secretos, causas y aconteceres de signos de toda índole y a buen recaudo la facultad de exhibirlos o callarlos.
...Chiflado, que no es lo mismo, estarlo, que parecerlo. ¡Gran estadio de la naturaleza humana...!, ¿parecerlo o estarlo?; ¿estarlo o parecerlo?. La verdad..., ¿qué es la verdad?, ¡la verdad!, ...¿la verdad sencilla, o la doble verdad?, esto mareó durante tiempo a Leibniz y a Descartes en discusión irresoluta sobre si había o no una doble verdad en sus dimensiones de teológica o divina y filosófica o humana.
...Aquellos días, no ocultaban su tendecia morbosa a ser irresolutos, caminar hacia el laberinto de la locura no era indicado, ni aconsejable, porque una cosa era estar chiflado y otra estudiar para estarlo, lo que podría parecer una locura; aunque si al final podría ser parecerlo, pues mejor, estarlo.

16/1/12

Cosas banales, cosas urbanas.

Se remueve y despereza la calle… como seda, enturbia la claridad sobre el lienzo del nuevo día. Una densa niebla no deja entrever si amanece claro, despejado, o por el contrario, gris, triste y pálido. Es pronto para determinar lo de: mañanita de niebla tarde de paseo; pero todo apunta a juzgar por la humedad y lo mojado del suelo que, disipada en su densidad, llorarán las nubes y habrá que abrir los paraguas para caminar sin ser mojados sobre los hombros. El día, pues, abre así sus brazos y marca pautas para sortearlo en las dificultades cotidianas.
En la calle huele a café, aroma característico cuando la actividad urbana se despereza… de fondo, ruido de platitos y tazas que se golpean en delicada armonía, pero con el brío del camarero a la espera del ciudadano, usuario del placer matinal de un buen café con tostadas o churros incluidos… como fichas de dominó colocadas en fila y empujadas con el dedo, para provocar eso, nunca mejor dicho, efecto dominó. Las luces y anuncios de los bares y cafeterías más madrugadores, van bostezando sus luminosos en alerta al común mortal, en su variante de: currante, ejecutivo, funcionario y otros “mutantes de alto standing”, de que están listos para servirle y serle útil en la cotidiana acción de desayunarse, facilitándoles, al tiempo, poder satisfacer la curiosidad informativa en los diarios expuestos para tal fin, en algún rincón de la barra, o dejados de forma accidental; pero intencionada; sobre las mesas del local.
Es el escenario matinal habitual en la sucesión de los días en el medio urbano. No se reparte la gente por igual, las personas somos de manías, por eso hay cafeterías más y menos llenas, bares más y menos “poblados” y una expresión común tintinea en el oído del indeciso activo ciudadano a su paso por las cercanías de éstos: ¡señor, señores, señoras, jóvenes, joven, ...al fondo hay sitio!. ...Las peculiaridades del bullicio en el despertar de las ciudades, con frecuencia en su gesto, sobre todo para aquellas personas observadoras, tiene unas connotaciones de lo más singular, probablemente por su insignificancia y facilidad para pasar desapercibidas, un hecho común y repetitivo: el rugir de los cierres metálicos -en su apertura- de los establecimientos, el golpeteo de la tapa de cierre del carro de la limpieza, el sacudir del cogedor en el borde del mismo, el saludo del operario al ciudadano “repetitivo” en coincidente paso, el freno del autobús deteniéndose en su parada de turno, una mano levantada en solicitud de un taxi, un improperio salido de la boca de una bella mujer empujada por un usuario anónimo del metro que, en su llegar tarde, no mira a quien arrolla a su paso y no pide perdón tal lo cual...
...A las puertas de los grandes almacenes -se supone que tal adjetivo le viene de diferenciarlo en tiempos “atrás”, de los establecimientos comerciales de una puerta y de menos de diez empleados; esto lo digo yo, y puede sonar a imbecilidad, pero es una más de las muchas que todos tenemos, porque imbéciles (sálvese quien pueda) todos somos un poco, unos más, otros menos, pero todos las ponemos a nuestro servicio y con gran frecuencia, a lo mejor a modo de excusa, en el momento menos oportuno- se agolpan los compradores impulsivos y los compulsivos, los habituales, los que pasarán, verán y no comprarán, pero les encanta hacer espera; los premeditados, los puntuales; en el sentido de cliente selectivo; los que silbando, usan la puerta del establecimiento para quedar o como punto de cotilleo, los que hacen del entorno centro de operaciones delictivas de pequeño calado... en fin, podría decirse que unos y otros son parte integrante, con su movilidad, del mobiliario urbano cotidiano.
Vaya, ¡empieza la lluvia!. Saco el paraguas, me llaman, me vuelvo, ...nadie, ¡un error, quizás! ...¡maldita baldosa, me ha puesto perdido el pantalón hasta media pierna!, ¡joder!, ¡tanto operario municipal y ¿para qué?...
...Coches, pitidos, acelerones, insultos, nervios, carreras, ciudadanos mano en alto llamando la atención de quien esperándolos, no los atisban o están a punto, hartos de esperar, de abandonar el compromiso o la “queda”.
...En plena acera, son esquivados pero observados de forma desinteresada, o no tan desinteresada y, quizás, no sin cierta envidia una pareja de adolescentes se besan y no inhiben sus carantoñas ni insinuantes caricias, llenas de amor se supone, por la intensidad ante las indisimuladas miradas de los ocasionales espectadores circulantes ...¡bonita y natural estampa!. De estas cosas, entre otras muchas, está hecha la vida cotidiana… escenas de enamoradas parejas, de confraternidad nerviosa y urbana, de malos humos mecánicos, técnicos y humanos, de cercanía, de amistad, de anonimato, de preocupaciones calladas que se ahogan en los posos del café matinal, de rutinas inapreciables pero conocidas por estar anquilosadas en los hábitos menos pensables, de saludos, cortesías, indiferencias, suspicacias, odios, envidias en sus dos vertientes: sanas e insanas, orgullos callados pero crecidos, mascaradas... Y todo, integrado e integrante de ese entramado que se llama tejido social, cuyos hilos que lo conforman, tienen cada uno, su propia idiosincrasia.

15/1/12

Felicidad, extensión de ser feliz.

Estar armónicamente ajustado a la realidad, libre de necesidades que incomoden el equilibrio entre el placer del deseo de ser feliz y la consecución del mismo; en su más amplio sentido y sin rozar la filial del sexo, hito que no supone la cumbre de la consecución del fin último racional, y por ello carece, en primera instancia, de sentido prestarle atención; es en todo extremo digno de referenciar que, feliz no es aquel que logra la felicidad, sino quien consigue, su felicidad. La armonía y el equilibrio entre ser feliz y poder serlo es tarea de profundidad filosófica. Se puede ser feliz, queriendo y se puede ser feliz deseándolo, se puede..., ...¿por qué no?; y se puede no ser, de igual forma. Es un impulso anímico; pero, activo sólo si se le estimula en el qué, para qué y por qué.
¿Qué es la felicidad?, ¿por qué puerta se accede a su fortaleza?, ¿y, una vez dentro, dónde buscarla: ...en la torre del homenaje, en el laberinto de sus sótanos, entre la maleza del foso de los leones, en las mazmorras, en el salón regio, en las piezas del servicio, en el cinturón de las almenas, en las caballerizas, en el patio de armas...?, ¿o, quizás en el baúl donde el bufón guarda su gorro de cascabeles?, ¿dónde...?
¿Es la felicidad un estado de ánimo, o es el estadio entre lo que se cree querer y lo que se quiere?
¿Es la felicidad, un don interno, inherente a la persona, o un logro externo basado en el mito de la realización plena y “universal”?
Si conseguir cuanto nos proponemos, nos da la felicidad, ¿en que nos convertimos cuando lo conseguimos...?
Ser feliz, ¿es saber administrar nuestra felicidad individual, o, por el contrario, saber compartirla?
¿Y, de cuantas maneras se nos puede presentar la felicidad; y, cómo nos preparamos para enfrentarnos a cada una de ellas?, porque quizás la clave, no esté en la felicidad que buscamos sino en la que nos busca?
Podemos ser felices inteligentes, felices conformistas, acomodados felices, felices imbéciles, insatisfechos, hipócritas, rebeldes, escépticos o esperanzados; incluso en el peor de los casos, ...infelices, que también, este, es otro estadio de la felicidad y posiblemente no por extensión de ella, sino por intención, ¿por qué no?
Podemos levantarnos un día con la intención de ser felices. Queremos serlo, nos lo proponemos como meta, afilamos armas, nos vestimos de orgullo, de vitalidad, de poder, de intención, nos ponemos el mundo por montera, sacamos lo mejor de nosotros, olvidamos nuestros defectos, estimulamos nuestras virtudes, engalanamos la mejor de nuestras sonrisas dando brillo a nuestros ojos, refinamos nuestros gestos y movimientos, los acompasamos con delicada gracia. Todo un ejercicio de afirmación de intenciones. Nos enfrentamos a ella, a la felicidad, el primer contacto es crucial, si nos mira de frente y nos hace un gesto cómplice, es nuestra, si se muestra altiva, no es nuestro día, habrá que esperar al siguiente. Entre la felicidad de serlo o parecerlo sólo hay un paso, el paquete de condiciones que proponemos a nuestra voluntad para elegir entre lo que queremos y lo que deseamos.
Así, pues, si la felicidad la entendemos como la extensión de ser feliz, consumarla es tan fácil como saber por qué y para qué la queremos...