Coloquio de chiflados

Como todo principio o primer instante, como primero en tal cosa u otra, como toma de contacto por primera vez, ...¡siempre hay una primera vez!, por eso se da la circunstancia de un final, porque hay un principio, así lo va masticando el chiflado a la carta; si no hubiera sido por la primera vez, insiste, no se me habría ocurrido estar chiflado, todo es proponérselo, lo demás sale por curso natural, por propia corriente con sus rápidos y sus remansos. Ahora, por ejemplo, busco un lugar, un lugar que sea la primera vez que vaya a estar en mi, porque soy yo el encontradizo, como en la química: un producto, un principio inmediato.
...Los puede haber más que yo, más cuerdos y desde luego más chiflados. ¡Mira por donde sería curioso que las cosas del destino hiciera magia de pronto y en coincidencia física nos cruzara para entendernos hablando. ¡Qué imaginación! ¡Claro que en el mundo, de cada dos, uno es chiflado, ...¡no es tan difícil entonces; pero ¡que reflexiones más absurdas, al final pareceré..., ¡mira, y más que los otros, los del destino...
Abre el día, todavía juega la luna con el sol en último intento de no darse por perdida; aunque, como no le gusta estar morena se cubre la cara y en ejercicio de protegerse se esconde obligando al sol a desistir del juego. Así se esta relatando el acontecimiento otro cuerdo que ignora no serlo y estar chiflado. La luna le encanta, lo abstrae, lo inspira, le evoca pasión, lo chifla por eso ignora su razón de pensamiento y no repara en su condición de no cuerdo. ¿Qué tiene que ver la luna con el razonar pardo?, ¡qué más da, se dice, qué más da, ...el tiempo es tiempo, ...¿en la sucesión de los días quien es el protagonista, el Sol, la Luna, la Tierra, todos juntos, sus movimientos...?, mira por donde nunca me he parado a pensar en la razón de la existencia de la luz y la oscuridad con sus luces y sus sombras -abundancia absurda- porque un año tiene muchas horas de luz, pero también reconviene tiempo en sueño... ¡Bueno, qué más da luz, oscuridad o movimiento estelar, ¡estrellas! ¿y qué tienen que ver las estrellas en esto?, pues deseo, ¡anda qué!... ¡Mira que si el destino y sus caprichos hiciera con su magia que coincidieran chiflados y cuerdos en el espacio del tiempo!, ¡sería curioso!, ...¡bueno!, a lo mejor esto es reflexión de un idílico chiflado con causa.
Enamorarse, enamorar, como en todo siempre hay una primera vez, como mirarse al espejo y no verse adrede para volverse a mirar buscando la inmortalidad de una imagen que nada tiene que ver con lo que se quiere en ese momento. ¡Eso es coquetería!, ¡qué va!, ...fantasma de una realidad evidente a modo de la sublimación en el cambio de estado de la materia, un salto de vértigo o resultado de estar no condicionado a sublimarse en el ensueño. No recuerdo haber estado enamorado, se dice en propia convicción, y hurga en su saber y se pregunta, lo que le lleva a insistir frente a un espejo para comprobar si está chiflado. Así se cuestiona y con enfado exclama ¡sólo me faltaría averiguar mi estado en un espejo!
Tendría gracia, mucha gracia, que caprichos del destino hicieran causa común y de una tacada lograra coincidencia morbosa de chiflados, así como si serlo fuera esencia permanente de la vida... Tendría gracia que en la búsqueda de lo complejo tuviera el azar en su mano la llave de la razón de la mente. Serían, así, cosas del azar, y el destino en sus designios reconvendría en sus ocasionales pretextos que procedentes de lugares tan diferentes y distantes en la geografía física y humana como quepa imaginarse , hicieran causa común como avispas haciendo avispero, absolutamente anónimos, en un impensable coloquio de chiflados, embebidos en dispersión refinada del diálogo, del entendimiento, de la mente en inusual filosofía de la casualidad, la ciencia de las hipótesis y el arte de la pensante cultura ocasional y anfitriones improvisados de obligación curiosa.
...Todo apunta a un denso amasado de ideas y opiniones en concepción diferente de concebir los pasillos del pensar. Cosas del destino, se han reunido chiflados de las más dispares coincidencias. Como todo es casual, la improvisación recorrerá la expectación sobre los contenidos en su extensión enciclopédica. Un observador hace matices, y, curioso, no se sabe también chiflado. En esas ciencias y sus conjeturas, cada uno llevará, sin proponérselo, en sus alforjas mentales su propio índice de materias germen de sus vahídos neuronales, así como la cantidad y calidad que de estas defenderá en convencimiento de sus horizontes llegado el caso, disponiendo el contenido por tamaño en las estanterías de su biblioteca mental para tirar de ellas en los improvisados momentos de exposición y réplica, ...sin duda fugaces dada la extensión de las lagunas que a buen seguro harán silencios de sus monólogos.
...La movida pinta interesante para el también improvisado observador externo, no se conocen entre ellos ni saben de su coincidencia en el ocasional “concierto”, tampoco saben de este ni de nadie ni de ellos, y lo más curioso aún: ¡ninguno se sabe chiflado ni que esto sea del espontáneo acontecimiento condición!
Desde fuera, el observador, ágil en lo de captar curiosidades mundanas, afila sus sentidos y se comenta: -¡Parda la pueden montar, entre diversas geografías, hipótesis, filosofías empapadas en premisas sin conclusiones finales, empanadas de cabalísticas y experimentos!, ...¡cómo para pensar cualquiera que se va a producir un congreso de chiflados!
Corriendo las primeras manifestaciones así como lo hacen las moléculas de los líquidos que se mueven en todas direcciones y a todas las velocidades posibles, la tormenta de ideas que puede derivarse de una mezcla tan heterogénea de mentes pensantes, aunque desordenadas por propio criterio, puede desencadenar en sunami arrasando los más concisos y precisos argumentos del pensamiento. No será el llevar razón lo que les preocupe o prime en tan pintoresca coincidencia social, ¡qué va, ni mucho menos!, ¡eso son argumentos menores!, la principal preocupación de ellos, será resolver la incógnita del porqué de la hora, el sitio, el lugar, los misterios y las cuestiones; ...la filosofía concurrente, las hipótesis y los avatares de las ciencias vendrá después cuando surja la espontaneidad de la amistad coincidente en el improvisado entramado de la lucidez y la profundidad estoica de las cosas y sus causas. Cada chiflado al final guardará en sus estantes la duda antropológica de que si de cada dos uno lo es, la proporción de serlo a la carta, en el espejo, con causa o a la fuerza es la razón de la incognita sobre si es mejor serlo o parecerlo.

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