Felicidad, extensión de ser feliz.

Estar armónicamente ajustado a la realidad, libre de necesidades que incomoden el equilibrio entre el placer del deseo de ser feliz y la consecución del mismo; en su más amplio sentido y sin rozar la filial del sexo, hito que no supone la cumbre de la consecución del fin último racional, y por ello carece, en primera instancia, de sentido prestarle atención; es en todo extremo digno de referenciar que, feliz no es aquel que logra la felicidad, sino quien consigue, su felicidad. La armonía y el equilibrio entre ser feliz y poder serlo es tarea de profundidad filosófica. Se puede ser feliz, queriendo y se puede ser feliz deseándolo, se puede..., ...¿por qué no?; y se puede no ser, de igual forma. Es un impulso anímico; pero, activo sólo si se le estimula en el qué, para qué y por qué.
¿Qué es la felicidad?, ¿por qué puerta se accede a su fortaleza?, ¿y, una vez dentro, dónde buscarla: ...en la torre del homenaje, en el laberinto de sus sótanos, entre la maleza del foso de los leones, en las mazmorras, en el salón regio, en las piezas del servicio, en el cinturón de las almenas, en las caballerizas, en el patio de armas...?, ¿o, quizás en el baúl donde el bufón guarda su gorro de cascabeles?, ¿dónde...?
¿Es la felicidad un estado de ánimo, o es el estadio entre lo que se cree querer y lo que se quiere?
¿Es la felicidad, un don interno, inherente a la persona, o un logro externo basado en el mito de la realización plena y “universal”?
Si conseguir cuanto nos proponemos, nos da la felicidad, ¿en que nos convertimos cuando lo conseguimos...?
Ser feliz, ¿es saber administrar nuestra felicidad individual, o, por el contrario, saber compartirla?
¿Y, de cuantas maneras se nos puede presentar la felicidad; y, cómo nos preparamos para enfrentarnos a cada una de ellas?, porque quizás la clave, no esté en la felicidad que buscamos sino en la que nos busca?
Podemos ser felices inteligentes, felices conformistas, acomodados felices, felices imbéciles, insatisfechos, hipócritas, rebeldes, escépticos o esperanzados; incluso en el peor de los casos, ...infelices, que también, este, es otro estadio de la felicidad y posiblemente no por extensión de ella, sino por intención, ¿por qué no?
Podemos levantarnos un día con la intención de ser felices. Queremos serlo, nos lo proponemos como meta, afilamos armas, nos vestimos de orgullo, de vitalidad, de poder, de intención, nos ponemos el mundo por montera, sacamos lo mejor de nosotros, olvidamos nuestros defectos, estimulamos nuestras virtudes, engalanamos la mejor de nuestras sonrisas dando brillo a nuestros ojos, refinamos nuestros gestos y movimientos, los acompasamos con delicada gracia. Todo un ejercicio de afirmación de intenciones. Nos enfrentamos a ella, a la felicidad, el primer contacto es crucial, si nos mira de frente y nos hace un gesto cómplice, es nuestra, si se muestra altiva, no es nuestro día, habrá que esperar al siguiente. Entre la felicidad de serlo o parecerlo sólo hay un paso, el paquete de condiciones que proponemos a nuestra voluntad para elegir entre lo que queremos y lo que deseamos.
Así, pues, si la felicidad la entendemos como la extensión de ser feliz, consumarla es tan fácil como saber por qué y para qué la queremos...

Comentarios

Entradas populares