27/1/12

Razones de un chiflado.

Bajo la lluvia ,escondido el sol y tapado por los paraguas que cubren los rostros de sus usuarios en un baile de sube y baja al son del ritmo con el que intentan esquivar los charcos que a modo de cazuela se han formado por las quebradas baldosas de las aceras y otros huecos propios del deterioro al paso del tiempo, en su abandono natural, fruto de un selectivo cuidado de mantenimiento en cuestiones de urbanismo local, se hace melodía el chapotear del paso de los viandantes. La objeción sobre baldosas y oquedades, que no es de conciencia, es asunto de consideración “nacional” y no valen puritanismos, así como tampoco hay mala intención en sacar los colores al “turno de oficio”... Esto es trivial, lo de los paraguas, lo de los charcos lo del oficio, ...¡claro está que está ahí!, pero por insustancial es mejor dejarlo estar, de todas formas, el mantenimiento es eso: “mantén “i” miento”.
En el arte de estar chiflados, esta eso, el arte, el arte de estar, porque no es lo mismo estar, que no estar, como tampoco lo es estar, estando. Hummmm, ¡original razonamiento!, ...y ya estamos otra vez, “razona y miento”, aquí se invisibilizó la y como que intencionadamente ha decidido padecer un síncope, o una lipotimia, o un quitarse del medio por eso de que nadie le ha dado vela en el entierro. Pero el arte es arte, desde la óptica de un chiflado, en eso no miente, quiere decir no hay fraude con la i ni con la y, estar chiflado no es ningún invento ni treta para despistar los quehaceres y obligaciones de la mente pensante y razonadora ...Como llueve, el agua resbala por la tela convexa de los paraguas y hace gotera sobre el hombro del vecino de cola a la espera del autobús, uno cada media hora, no se inmutan ni el vecino ni el paraguas, tampoco protesta el hombro a no ser que lo haga su dueño que de suponer lo hará cuando la humedad lo obligue, porque el autobús, ...no llega. ¡Casualidad!, un charco sin disimulo espera que el autobús lo airee, ...llega, en súbito movimiento los viajeros de espera sacan su culo hacia atrás en intento de evitar el impacto de las babas del charco que por aproximación para el impulso les bañan la cara , ¡plafffff! ...churretes de barro, exabruptos, palabrajos y gusarapos, ...estaba visto y pronosticado el impacto y el cabreo, cosas del arte del “mantén “i” miento”, de la climatología, del tiempo de espera y del charco.
Barrillo sobre la calle, charcos y paraguas cerrados ya pues la lluvia amaina; sale el sol, ¡mira! con paraguas en la mano, ¡eso es de chiflados!, el paraguas para la lluvia, no tiene sentido pasearlos en un día soleado, como no sea en la intención de usarlos de sombrilla, o de bastón, ¡cada cual hace lo que le viene en gana, ...mire usted!, ¡o no mire!, en ese caso sería ¡no mire usted!, ...dice él.
...El autobús ha hecho riza en la cola de espera, entre los que ha bañado que han huido en estampida y los que han subido a él, la parada parece un desierto urbano, ¡qué limpieza! ¡y sin mantenimiento!, ...momento idóneo para leer el periódico sin empujones ni gorrones de lectura.
...Desde otra perspectiva, la calma de un día lluvioso cuando la lluvia es llanto sereno de las nubes que la dejan deslizarse en gracioso ejercicio deshilachándose en briznas que invitan a dejarlas que acaricien la cara, es como un espectáculo de nostalgias y recuerdos. Hasta se pueden evocar pensamientos y reunirse con ellos, como la noche pasada ¡que los reunió a todos! y una excitación, como cuando llueve a cántaros, incontrolada en la cantidad e incontrolable en la calidad, ¡como una tormenta!, ...fue creciendo. ¡Ahora caigo!, dice ...¡el oporto, el oporto! y las ganas..., al final, nos acostamos todos juntos...diossss!!, juntos ellos, el oporto, las ganas, la tormenta, la lluvia, la excitación, las nostalgias, los recuerdos, el ejercicio, la cara, las briznas, el espectáculo... ¡válgame la vida, ...qué pifostio!
Al día siguiente de haberse acostado, es obvio, con la mente en “posición” onírica, por una rendija de su azotea atisba que en aquel pifostio habían estado además los pensamientos conocidos, los nuevos, los que le gustan, los más difusos... los que terminan confusos, los que se quedan a medias, los atrevidos, los que se esconden bajo el edredón avergonzados y avergonzantes, los motivados, exagerados... los que se “le fuman”, los que queman!!! ¡Curioso!, ¡y nadie llevaba paraguas!, claro que en la cama para qué, si ahí no hay que esperar el autobús, ni llueve, ni hay charcos, pero ¿qué tiene que ver un paraguas con los charcos? ...¡Ay, nostalgia, ¡qué estrecha parecía, se dice, con el oporto mi cama y con todos ellos...ellos...ellos...ellos...mis pensamientos, los días de lluvia, el sol, mi azotea cansada, mis cosas, mis causas y sin paraguas!
...Y luego dirán que no hay razones para estar chiflado. ¡Mire usted!...

26/1/12

Coloquio de chiflados

Como todo principio o primer instante, como primero en tal cosa u otra, como toma de contacto por primera vez, ...¡siempre hay una primera vez!, por eso se da la circunstancia de un final, porque hay un principio, así lo va masticando el chiflado a la carta; si no hubiera sido por la primera vez, insiste, no se me habría ocurrido estar chiflado, todo es proponérselo, lo demás sale por curso natural, por propia corriente con sus rápidos y sus remansos. Ahora, por ejemplo, busco un lugar, un lugar que sea la primera vez que vaya a estar en mi, porque soy yo el encontradizo, como en la química: un producto, un principio inmediato.
...Los puede haber más que yo, más cuerdos y desde luego más chiflados. ¡Mira por donde sería curioso que las cosas del destino hiciera magia de pronto y en coincidencia física nos cruzara para entendernos hablando. ¡Qué imaginación! ¡Claro que en el mundo, de cada dos, uno es chiflado, ...¡no es tan difícil entonces; pero ¡que reflexiones más absurdas, al final pareceré..., ¡mira, y más que los otros, los del destino...
Abre el día, todavía juega la luna con el sol en último intento de no darse por perdida; aunque, como no le gusta estar morena se cubre la cara y en ejercicio de protegerse se esconde obligando al sol a desistir del juego. Así se esta relatando el acontecimiento otro cuerdo que ignora no serlo y estar chiflado. La luna le encanta, lo abstrae, lo inspira, le evoca pasión, lo chifla por eso ignora su razón de pensamiento y no repara en su condición de no cuerdo. ¿Qué tiene que ver la luna con el razonar pardo?, ¡qué más da, se dice, qué más da, ...el tiempo es tiempo, ...¿en la sucesión de los días quien es el protagonista, el Sol, la Luna, la Tierra, todos juntos, sus movimientos...?, mira por donde nunca me he parado a pensar en la razón de la existencia de la luz y la oscuridad con sus luces y sus sombras -abundancia absurda- porque un año tiene muchas horas de luz, pero también reconviene tiempo en sueño... ¡Bueno, qué más da luz, oscuridad o movimiento estelar, ¡estrellas! ¿y qué tienen que ver las estrellas en esto?, pues deseo, ¡anda qué!... ¡Mira que si el destino y sus caprichos hiciera con su magia que coincidieran chiflados y cuerdos en el espacio del tiempo!, ¡sería curioso!, ...¡bueno!, a lo mejor esto es reflexión de un idílico chiflado con causa.
Enamorarse, enamorar, como en todo siempre hay una primera vez, como mirarse al espejo y no verse adrede para volverse a mirar buscando la inmortalidad de una imagen que nada tiene que ver con lo que se quiere en ese momento. ¡Eso es coquetería!, ¡qué va!, ...fantasma de una realidad evidente a modo de la sublimación en el cambio de estado de la materia, un salto de vértigo o resultado de estar no condicionado a sublimarse en el ensueño. No recuerdo haber estado enamorado, se dice en propia convicción, y hurga en su saber y se pregunta, lo que le lleva a insistir frente a un espejo para comprobar si está chiflado. Así se cuestiona y con enfado exclama ¡sólo me faltaría averiguar mi estado en un espejo!
Tendría gracia, mucha gracia, que caprichos del destino hicieran causa común y de una tacada lograra coincidencia morbosa de chiflados, así como si serlo fuera esencia permanente de la vida... Tendría gracia que en la búsqueda de lo complejo tuviera el azar en su mano la llave de la razón de la mente. Serían, así, cosas del azar, y el destino en sus designios reconvendría en sus ocasionales pretextos que procedentes de lugares tan diferentes y distantes en la geografía física y humana como quepa imaginarse , hicieran causa común como avispas haciendo avispero, absolutamente anónimos, en un impensable coloquio de chiflados, embebidos en dispersión refinada del diálogo, del entendimiento, de la mente en inusual filosofía de la casualidad, la ciencia de las hipótesis y el arte de la pensante cultura ocasional y anfitriones improvisados de obligación curiosa.
...Todo apunta a un denso amasado de ideas y opiniones en concepción diferente de concebir los pasillos del pensar. Cosas del destino, se han reunido chiflados de las más dispares coincidencias. Como todo es casual, la improvisación recorrerá la expectación sobre los contenidos en su extensión enciclopédica. Un observador hace matices, y, curioso, no se sabe también chiflado. En esas ciencias y sus conjeturas, cada uno llevará, sin proponérselo, en sus alforjas mentales su propio índice de materias germen de sus vahídos neuronales, así como la cantidad y calidad que de estas defenderá en convencimiento de sus horizontes llegado el caso, disponiendo el contenido por tamaño en las estanterías de su biblioteca mental para tirar de ellas en los improvisados momentos de exposición y réplica, ...sin duda fugaces dada la extensión de las lagunas que a buen seguro harán silencios de sus monólogos.
...La movida pinta interesante para el también improvisado observador externo, no se conocen entre ellos ni saben de su coincidencia en el ocasional “concierto”, tampoco saben de este ni de nadie ni de ellos, y lo más curioso aún: ¡ninguno se sabe chiflado ni que esto sea del espontáneo acontecimiento condición!
Desde fuera, el observador, ágil en lo de captar curiosidades mundanas, afila sus sentidos y se comenta: -¡Parda la pueden montar, entre diversas geografías, hipótesis, filosofías empapadas en premisas sin conclusiones finales, empanadas de cabalísticas y experimentos!, ...¡cómo para pensar cualquiera que se va a producir un congreso de chiflados!
Corriendo las primeras manifestaciones así como lo hacen las moléculas de los líquidos que se mueven en todas direcciones y a todas las velocidades posibles, la tormenta de ideas que puede derivarse de una mezcla tan heterogénea de mentes pensantes, aunque desordenadas por propio criterio, puede desencadenar en sunami arrasando los más concisos y precisos argumentos del pensamiento. No será el llevar razón lo que les preocupe o prime en tan pintoresca coincidencia social, ¡qué va, ni mucho menos!, ¡eso son argumentos menores!, la principal preocupación de ellos, será resolver la incógnita del porqué de la hora, el sitio, el lugar, los misterios y las cuestiones; ...la filosofía concurrente, las hipótesis y los avatares de las ciencias vendrá después cuando surja la espontaneidad de la amistad coincidente en el improvisado entramado de la lucidez y la profundidad estoica de las cosas y sus causas. Cada chiflado al final guardará en sus estantes la duda antropológica de que si de cada dos uno lo es, la proporción de serlo a la carta, en el espejo, con causa o a la fuerza es la razón de la incognita sobre si es mejor serlo o parecerlo.

24/1/12

Chiflado sin querer

Podría ser el pasear de un día cualquiera, sin horas, perdido en la longitud y latitud de su imaginación y sin hablarse y sin saberse se vió, sin haberse estudiado, encarado frente a un cruce de calles, en tal punto, a la derecha de su intersección se descolgaba, “sin arnés de seguridad”, una avenida amplia, por cuyo rostro se deslizaban infinitas lágrimas dejadas al azar por los pivotantes de repartidas “arterias” de riego por aspersión que enervaban lo flácido del césped de los jardines circundantes dañado por la sequedad de los días. Cientos de neumáticos propiedad de vehículos anónimos esparcen impertinente e imprudentemente las lágrimas del riego, y si bien no se percibe el rodar, si se hacen visibles, como vaho de respiración, los gases de la combustión de sus digestiones internas, necesidad biológica de los caballos que los mueven. Él se analizaba en razonamiento peregrino intentando descubrir si tenía sentido su pasear hacia ningún sitio o era inercia de abatida nostalgia de amores perdidos. En el caminar y en su no hablarse ni saberse aunque reflexionándose sobre si existe o insiste, árboles a distancias medidas intencionadamente repartidos intervienen en el paisaje urbano, él, acaricia a golpe alegre algunas ramas que se descuelgan por el peso de su retrasada poda y que le dan en el hombro, otras cobijan algún que otro banco de madera barnizada sobre los que se ronronea un periódico abandonado y al que el ligero viento acaricia desinteresadamente las primeras hojas reconviniendo otras desacomodadas del diario que han servido antes para proteger la culera del paseante chiflado. ¿Por qué no volverse a sentar y dilucidar el sentido de su abstinencia amorosa...?
En el suelo, revolotear de hojas caídas de los árboles a las que el chiflado anima con su pie en su bailar insulso en intento de jugar con ellas a cara o cruz no para despejar ninguna incógnita pensada, tampoco para intentar “saberse”. En una de las intersecciones de calles adyacentes con la avenida, una glorieta de dimensiones poco prudentes en su cintura exhibe una fuente de chorros a modo de dedos que en su borbotar quieren alcanzar el cielo, esto es reflexión de él, el chiflado, que en sus diferentes alturas mentales y a diferentes impulsos, como los chorros, trata de convertir en realidad la fuente con la apariencia de un piano, cosa que sensatamente piensa que en si es de todo punto incongruente. Él, para inhibirse de la anterior estupidez, tararea una melodía, no sabe por qué, “Fur Elise” -de Beethoven-, al tiento, descubre que es arítmico, ... ¿contrariedad?, ¡vaya usted a saber,! porque en su conclusión pretérita ni se hablará a si de su ausente ritmo ni se sabrá por qué... Sin embargo en un momento de lucidez, para sus adentros se insiste: ¿ser chiflado sin querer, no será más bien una excusa?, porque un chiflado, ¡siempre quiere serlo! De vez en cuando el sol se asoma entre los edificios laterales y se abre paso entre el “dialogar” de los pájaros que atusando sus plumas habitan las copas de los árboles. Abajo, en la calle, algún que otro perro, de vez en cuando, olfatea restos de señales de otros, ¡qué cosa más poco saludable se dice para sus adentros, él, el chiflado!, será que nadie le ha dicho que es cosa sucia y asquerosa? ...Pero insiste, se insiste en reflexión parsimoniosa: ¡Claro, ahora caigo: los perros son territorialistas como los hombres, pero como no tienen ejércitos, usan sus meadas y marcan así sus posesiones ¿no lo sabías?, para si, para sus adentros, ...¡ay, que no estoy cuerdo!
...En la continuidad de la avenida, en su doble sentido de tránsito, se reparten negocios en amplio abanico de ofertas y variedades que hacen del fluir de las gentes por sus arterias un ir y venir con sus saludos, sus paradas, sus caídas, sus empujones, sus risas y su estorbar inintencionado en rampas de acceso en favor del eclipse de barreras arquitectónicas, un acierto, se dice, mientras elucubra sobre el perro..., al tiempo se repite, ¡curioso!, ¿por qué no tienen ejército?
Un gran parque al fondo marca el coronar de la avenida, como un islote se deja rodear de un entramado de accesos que invitan a paladear el paseo tranquilo, cosa que aprovecha él, para dilucidar si una vez dentro animarse a disfrutar de su quietud y su sosegada lozanía o contagiarse por ósmosis de ellas. En el costado derecho del parque una única bocana abre jovial en actitud de anfitrión complaciente un espacio de pomposas terrazas y amplísimas aceras cortejadas por jardines que descubren ceremonialmente un agradable y exquisito bulevar, ¡delicioso ambiente!, se dice él, el chiflado sin querer, hace una pausa, se examina y reconduce su sabia experiencia en el arte de no pensar... En si, el paisaje, comparándolo con los desnudos espacios de su saber vestido y calzado en sus glorietas, sus aceras, sus gentes, su lozanía -sólo emulada por él pues la ósmosis no funcionó-, sus bulevares sus cruces de calles y mentes en intersección de sus elucubraciones y lagunas mentales, en fin, como cualquier paisaje..., es como un paraguas, o mejor como un sombrero, o como un tocado de fiesta, o como un perifollo pomposo, o como un toque personal invisible, ¡si!, mejor que sea eso, invisible, no es necesario destacar cuando se sobresale, eso es suficiente, ¡claro, claro, claro..., el ego, el regodeo narcisista, el orgullo, el brillar como el Sol...!, es que no es lo mismo ser Sol que ser sombrero, o perifollo, o tocado -que no hundido-, y no digamos ya: ...¡ser invisible!
¡Oh grandiosa elocuencia, la miá!, en el paraíso oculto de las cosas y sus causas, como en la continuidad de la avenida, andar perdido y chiflado es más fácil que difícil, así cuando el Sol husmea en el diálogo de los pájaros y refleja su cara en el haz de las hojas caídas a su antojo puede ser que un ejército, de lo que carecen los perros, de episodios circulantes por el destino de la vida, aún con pelusa y recelo a modo de envidia entre el ser y parecer sombrero, paraguas o perifollo, quieran recorrer por el borde la cintura de la glorieta que obliga en giro al pensar vacío de la inteligencia inerte sobre la hospitalidad del bulevar: ...¡Qué sin-sentido y que vacua reflexión!
...En el cruce de calles que para nada tiene que ver con la razón de ser chiflado sin querer, ni estarlo, es mejor parecerlo queriendo que parecerlo estando.  

22/1/12

Chiflado en éste mundo

Es concepto de considerar común y de entender al alcance de la mano lo de estar chiflado en este mundo patas arriba, abigarrado de puntos de inflexión incardinados en estantes de intereses encontrados y contrapuestos. El éxito es no estarlo, y el que lo esta por definición se encuentra vagabundo en este “mundanal mundo” desorientado. Así lo argumenta un chiflado que en la sucesión de los días, recibe un toque mental a modo de golpe certero de esgrima y en su pensamiento aparece a modo de “bocadillo” de tebeo una nube con el contenido: -¡touché!, en ese instante frena su caminar, se vuelve sobre sí y la sombra de la guitarra que lleva al hombro le engaña a modo de compañía fantasma, ¡no, no hay nadie..., guardia bajada!, la alerta mental indica al vagabundo del mundo no encontrarse en ningún lugar ni familiar ni buscado. Está en el punto de partida, ...no son las seis, le falta un cuarto, ...no hay local alrededor, ...nadie lo mira, ¡no es el blanco!. Y ¿qué hacer?, el mundo sigue...
...Un té con limón a eso de las seis de la tarde, las piernas cruzadas en asterisco y los codos encallados en la mesa de mármol recibiendo en sus narices el evaporar de la taza dejándose envolver con las emanaciones de la infusión semitapada en gesto de paladear la ligereza del aroma impregnado en sus efluvios ...mientras, en su recóndita visión mental elucubra sobre el porqué de la hora y sus cuartos. Siempre hace lo mismo y acaba sin tomarlo, en el ejercicio dicho, hallaba el placer del ritual. ...Todos los días, a las seis de la tarde, en el “café real”, daba igual el nombre del establecimiento y la ubicación urbana verdadera, ...era el “café real” con su distinción insigne, sus mesas de mármol, sus sillas de madera en color marrón barnizado y su respaldo encargado de abrazar la cintura del huésped, su sabor parisino, su “todo” envuelto en una imaginación inigualable y en una descripción imaginada indescriptible. ¡No, no hay que estar chiflado! Lo mejor, la llegada al establecimiento, una escenificación repetitiva, calzado en un pantalón vaquero roto a la moda, una chupa vaquera precedida de una camiseta gris de manga larga con un bolsillo superpuesto y dejándose ver por arriba, por abajo y entre las mangas, peinado a remolinos, un macuto por zurrón, unas “gafas John Lennon” y una guitarra arrastrada al hombro, ...¡una pintura de lienzo! no por su “desapercibido” aspecto sino por el despistado cromatismo de sus movimientos, ...¡un cromo, qué coño! Así conseguía ser el blanco de los “externos” -por considerarlo interno de manicomio- que cada uno a lo suyo de reojo comentaban la estridencia del curioso individuo, y él, chiflado, sabiéndose observado veía cumplido su objetivo “sin proponérselo”, ser el blanco.
...Un reloj de bolsillo llegado a este desde la cadena que lo fijaba a la trabilla de la cintura del pantalón, le daba el aviso puntualmente encargado: -¡las seis, la hora del té, el primer establecimiento a la vista era el “café real”..., sólo cambiaba el lugar, daba lo mismo en Pekín que en Madrid, la hora en punto obligaba a que fuera el “café real”. ...La guitarra era simple compañía, no sabía tocarla, le hacía las veces de taburete, de cabecera, de almacén y de solapa de las pegatinas publicitarias que a modo de pertenencias preciadas adhería en recuerdo de nada y de ningún sitio, ...no viajaba.
En cada lugar marcaba el tiempo, su tiempo, hablaba a quien le miraba de las lindezas del té que nunca tomaba, no intentaba convencer, ni lo hacía, ...estaba a todo y a nada, habitaba en el mundo, tomaba sus decisiones vitales con acomodo, usaba para si sus argumentos y chiflaba con sus labios, sin chifle, esgrimiendo notas de sentido inconcluso..., sus tic formaban parte de sus manías ancladas, también, como las pegatinas a su guitarra.
Él, estaba en el mundo, en su mundo, de acá para allá, de las Maldivas a las Bahamas; de Canarias a Murcia, a Málaga, al Norte, a ninguna parte, ...no tenía casa. El clima, inverosimil, al pairo, él y sus circunstancias. El registro de sus peripecias era plano como un encefalograma en parada vital, solo un residuo visible, la hora del té en el “café real”, lo demás estaba de más, consideraba que lo vulgar de las gentes y los lugares cualquiera que fuera su geografía era cuestión de transitoriedad sociológica, pura antropología mundana, sainetes de primavera sin interes tertuliano, en el mundo menos y más próximo, se decía, todo funciona a golpe-remache, media humanidad se encarga de criticar a la otra media y a mí no quiero que me pillen en medio, al fin y a la postre cada cuerdo tiene su manía y una manía no es patrimonio de nadie, por eso, ...el té es bebida del gusto de mucha gente, incluso de corte refinado inglés, y, yo, se dice: -¡no lo tomo en cualquier parte! quiere decir lo cual, por ser manía...